Austria

La Opereta en Viena

Johann Strauss, hijo, alcanzó un enorme éxito con “Die Fledermaus” (“El murciélago”), estrenado en 1874 y representado repetidamente, con igual éxito, en el extranjero, con lo cual se puso de manifiesto el valor de esta nueva fuente de operetas surgidas en Austria. En 1879 triunfaron “Boccaccio”, del compositor dálmata Franz von Suppé, y “El vendedor de pájaros”, del maestro Karl Zéller. Estas tres obras seguían figurando en el repertorio de muchos teatros del mundo, cuando surgió ese nuevo astro que con su luz eclipsaría a la constelación francesa, determinando el predominio de la opereta vienesa en los teatros de todo el mundo. Estamos hablando del maestro húngaro Franz Lehar, cuya primera obra, “La viuda alegre”, se representó en todo el mundo, excepto en Francia, donde tardó mucho en llegar debido a un pleito de derechos de autor interpuesto por los herederos de Scribe. A esta primera obra siguieron otras muchas, admirables todas ellas, por su elegancia, la originalidad de sus argumentos, lo pegadizo de las canciones, los animados y melodiosos ritmos de las danzas y su perfecta orquestación. Fueron éstas: “El Conde de Luxemburgo” (1909), “Amor de zíngaro” (1910), “Eva” (1910), “Mazurca azul” y “Franquista”. Tampoco puede olvidarse “La posada del Caballito Blanco”, de Ralph Benatzky, que la Compañía Schwarz paseó triunfalmente por varios teatros del mundo. Otros compositores de ópera vienesa consagrados por la fama, son: Oscar Strauss (“Sueño de un vals”). Leo Fall, Eysler y Emmerich Kalmán (“La princesa de la czarda”, “La bayadera”).
Inglaterra cuenta con la opereta “Geisha”, de Jones, que durante varios años hizo las delicias del público gracias a su aureola exótica, a su musiquilla chinesca y, sobre todo, por esos “couplets” que, junto con las estrofitas de “Boccaccio”, todavía alimentan muchas de las revistas actuales.

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