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Orquesta Filarmónica de Jalisco
Christian Altenburger, Violín

Viernes 13 de mayo, Teatro Degollado
Hora: 20:30 Hrs.

PROGRAMA

Sinfonía No.88 Joseph Haydn
I.- Adagio-Allegro
II.- Largo
III.- Menuetto. Allegretto
IV.- Finale. Allegro con spirito

“Noche Transfigurada” A. Schoenberg
I.- Grave
II.- Molto rallentando
III.- A tempo
IV.- Adagio
V.- Adagio (molto tranquillo)

Intermedio

Concierto para violín y orquesta Beethoven
I.- Allegro ma mon troppo
(Cadencia: Kreisler)
II.- Larghetto
III.- Rondo (Allegro)
(Cadencia: Kreisler)

Orquesta Filarmónica de Jalisco
José Guadalupe Flores, director invitado (México )
Christian Altenburger , violín (Austria)

Orquesta Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; esta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.

En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro. Leslie Hodge , quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos y al tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.
En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.
En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Orquesta Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco.

José Guadalupe Flores
Director invitado

Originario de Arandas, Jalisco. Considerado uno de los directores más importantes de América, hizo su debut hace 30 años con la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. A partir de ese 1973, su carrera ha sido una ininterrumpida cadena de éxitos que lo ha llevado a dirigir prácticamente todas las agrupaciones sinfónicas y filarmónicas de México, destacando sus múltiples presentaciones ocn la Orquesta sinfónica Nacional, la Filarmónica de la ciudad de México y la Filarmónica de la UNAM. Ha sido, por otra parte, director titular de la propia Sinfónica Nacional, de las sinfónicas de Guadalajara y Jalisco, de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes y de la Filarmónica de Jalisco. Actualmente ostenta este cargo al frente de la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro, donde realiza una importante difusión de la música en todo el Estado. En 1974 debuta internacionalmente con la Sinfónica de Victoria, Canadá, así como tiene presentaciones en Yugoslavia, Estados Unidos de Norteamérica, Guatemala, El Salvador y Costa Rica. Su debut en Río de Janeiro, Brasil, le ganó el ser el director titular de la Orquesta Pro-música de esa ciudad por varios años.
Entre las presentaciones como director huésped destacan las de las Sinfónicas de Aguascalientes, Monterrey, Pachuca y Estado de México, y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes. El maestro Flores ha realizado una carrera plena en la dirección orquestal en nuestro país, luego de iniciar sus estudios en Guadalajara y posteriormente en Alemania, donde recibió el título de maestría orquestal. Sus amplios y completos estudios relacionados con la música de cámara, la dirección de coros y de orquesta, lo llevaron a debutar en 1977 en el campo de la ópera, dirigiendo Tosca, Carmen, Don Pasquale, Fausto, Boheme y Lucía, entre otras obras. En 1989 obtuvo el “Premio Jalisco” en la categoría de artes. Uno de su grandes éxitos y una de sus muchas satisfacciones, es su debut en New York con la American Symphony Orchestra, en el famoso Avery Fisher Hall del Lincoln Center.
Impulsor y difusor de la música mexicana, tiene en su haber un buen número de discos con obras de Moncayo, Revueltas, Ponce Halffter, Bernal Jiménez y Jiménez Mabarak, entre otros, ha encontrado versiones de total referencia discográfica. Entre su repertorio se encuentran grandes sinfonías y obras corales de diversos compositores, y sus preferencias incluyen las de Mozart, Ravel y Richard Strauss. En la actualidad es el Director Titular de la Filarmónica de Querétaro.

Christian Altenburger
Violinista

Su carrera parecía dirigirse al glorioso aislamiento, la "splendid isolation" del gran solista. A los 16 años abandonó su ciudad natal Viena, para estudiar en la Juillard School de Nueva York, bajo la instrucción de Dorothy DeLay. Muy pronto surgieron presentaciones internacionales y conciertos como solista con los directores y orquestas más importantes en Europa y los EE.UU.
Con el pasar del tiempo, Christian Altenburger comprendería más lo que significa la música para él como medio de comunicación.
Hoy en día Christian Altenburger no sólo es un solista solicitado a nivel internacional, sino también un apreciado y famoso músico de cámara, maestro y director de festivales artísticos.
Desde su infancia siempre tuvo contacto con la música, su padre fue violinista de la Orquesta Filarmónica de Viena y su primer maestro. Durante el periodo escolar, Altenburger estudió en la Universidad de la Música en Viena -ya había conseguido su diploma cuando se mudó por recomendación de Zubin Metha a Nueva York para continuar sus estudios-. Dorothy DeLay resultó ser la instructora ideal para él. Sus extensos conocimientos que rebasaban por mucho lo técnico e instrumental, la impresionaron paralelamente a su capacidad de aceptar e impulsar al alumno como ser humano completo.

De 1990 al 2001 dio clases como profesor en la Escuela Superior de Música de Hannover, y desde 2001 es profesor en la Universidad de Música de Viena.

Tanto Zubin Metha, su primer mentor entre los prominentes directores, como James Levine, le proporcionaron duraderos estímulos artísticos; junto con éste último ofreció numerosos conciertos con la Orquesta Sinfónica de Chicago y la Filarmónica de Viena, además de que con él desarrolló proyectos de música de cámara en conjunto para el Festival Ravinia en los EE. UU. También logró una exitosa colaboración con directores como Claudio Abbado, Herbert Blomstedt, Christoph von Dohnányi, Rafael Frühbeck de Burgos, Bernard Haitink, Marek Janowski, Dimitri Kitaenko, Lorin Maazel, Sir Charles Mackerras, Václáv Neumann, Sir Roger Norrington, Sir André Previn, Wolfgang Sawallisch, Leonard Slatkin y Franz Welser-Möst.

La lista de las orquestas con las cuales se ha presentado, comprende entre muchas otras, la Filarmónica de Berlín, la Orquesta Concertgebouw de Amsterdam, la Orquesta Filarmónica de Oslo, la Orquesta de Cámara de Europa, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta Filarmónica de Nueva York y las Orquestas Filarmónica y Sinfónica de Viena.

Sus proyectos de música de cámara se basan en la amistad con músicos como Bruno Canino, Patrick Demenga, Heinz Holliger, Nobuko Imai, Kim Kashkashian, Thomas Riebl, Wolfgang Schulz, Melvyn Tan, Lars Anders Tomter y Lars Vogt – todos ellos ofrecen su música como amigos a los proyectos de Christian Altenburger-. De esta especial relación con la música de cámara nació también su entusiasmo como director de festivales artísticos.
La oportunidad de concebir programas junto con otros músicos y traducirlos artísticamente lo llevó a asumir, junto con la actriz Julia Stemberger, la dirección artística del festival de música de cámara "Mondseetage". Desde 2003 también participa como director artístico de los festivales musicales "Schwäbischer Frühling", los cuales ofrecen un ambiente ideal para la música de cámara de esa región.
Su estrecha relación personal con compositores contemporáneos representa una importante influencia artística, principalmente su larga amistad con Gerhard Schedl.
Importantes encuentros documentados gracias a los estrenos y a las producciones disqueras, se revelaron entre otros compositores como Theodor Berger, Bert Breit, Gottfried von Einem, Wilhelm Killmayer, Thomas Larcher, Witold Lutoslawski, Werner Pirchner y Kurt Schwertsik.
Junto a la música contemporánea, Altenburger se dedica a fondo a la música de la Segunda Escuela de Viena; aún así, su repertorio con no conoce los límites. Sus programas pueden contener desde Bach hasta la época actual, desde la música hasta la literatura.
Su filosofía consiste en la inseparable alegría por el arte y su amor a la música.

Notas al programa:

Las sinfonías de Joseph Haydn

Se ha repetido muchas veces que Haydn fue el creador de la sinfonía y del cuarteto de cuerda, pero es menos verdadero en el primer caso que en el segundo. Antes de Haydn se habían escrito sinfonías, no solamente en Mannheim, sino en otros lugares, particularmente en Viena. Johann Stamitz (1717-1757), fundador de la escuela de Mannheim y autor de numerosas sinfonías, murió justo en el momento en que Haydn comenzaba a consagrarse a este género. En Viena, Georg Mathias Monn (1717-1750) escribía en 1740 una sinfonía en cuatro movimientos, uno de ellos un minueto, estructura que poco a poco se impuso con Haydn; pero no hay que dar demasiada importancia a este hecho aislado; lo que importa es que en lo que atañe a la sinfonía, los precursores y predecesores inmediatos a Haydn fueron más bien austríacos y vieneses y miembros de la escuela de Mannheim.
La lista de ciento cuatro sinfonías actualmente en vigor fue erigida en 1907 por Eusebius Mandyczewski para la edición completa entonces proyectada por Breitkopf und Hârtel. Esta lista respeta, grosso modo, la cronología, pero tiene inexactitudes y errores, de los que algunos han podido ser encontrados posteriormente. En todo caso posee el mérito de no contener más que obras auténticas y de no haber olvidado más que dos partituras de juventud conocidas ahora como sinfonías “A” y “B” (Hob, I, 107 y 108). En realidad Haydn no compuso, pues, ciento cuatro sinfonías, sino ciento seis. Hay que añadir que este género es el que mejor permite seguir su evolución; no escribió sinfonías ni al comienzo ni al final de su carrera (que se extiende de 1750 a 1803), pero se consagró a ello continuamente durante casi cuarenta años; la primera sinfonía data de 1759, quizá de uno o dos años antes, y la última de 1795. Parece ser que durante este intervalo, sólo uno o dos años no vieron nacer una sinfonía: 1777 puede ser uno y 1790 seguramente el otro.

Sinfonía número 88, en sol mayor, de Joseph Haydn

Fue escrita para una flauta, dos oboes, dos fagots, dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerda. Pero las trompetas y los timbales, caso único, sólo intervienen a partir del segundo movimiento. Las trompetas están en re en el segundo movimiento y en do en los dos últimos.
La obra (1787) es la más vigorosamente concentrada que haya salido nunca de la pluma de un sinfonista: cualidad debida a un escrito monotematismo de cada uno de los movimientos, y a una libertad formal que permite exponer un máximo de cosas en un mínimo de tiempo.

La noche transfigurada de Arnold Schoenberg

Escrita para un sexteto de cuerda en 1899, es realmente una obra de música de cámara. Sin embargo, el propio Schönberg realizó dos versiones para orquesta de cuerda, fechadas respectivamente en 1917 y 1943, versiones que justifican el que se las mencione, aunque sea rápidamente, en la presente Guía. El estreno de la primera versión orquestal tuvo lugar en 1919 en Viena, bajo la dirección del compositor.
Recordemos que esta partitura se incluye aún dentro del período “tonal” del músico (lo que no impidió que su estreno fuera un escándalo) y que se inspiró en un poema de Richard Dehmel, del que saca su “programa”, sin embargo, la obra “no ilustra ni la acción ni el drama, sino que se ciñe a la pintura y descripción de los sentimientos humanos. Yo creo que, debido a esto, puede ser apreciada como música pura” (Schönberg). De esta “música pura”, el auditor se fija ante todo en su desbordante lirismo, en el que no deja de sentirse la influencia wagneriana (y brahmsiana). Sin embargo, los giros melódicos pertenecen ya al Schönberg de la futura Sinfonía de cámara opus 9; la eliminación, o casi, de toda referencia al acorde perfecto, así como la inestabilidad tonal (aunque se afirme la tonalidad de re menor en la primera parte y mayor en la segunda), aseguran una constante dinámica; lo mismo ocurre con las tensiones armónicas provocadas por la intrusión de elementos diatónicos en el universo cromático… Pero ahí esta la evidencia: esta versión orquestal no puede reemplazar al sexteto, de una más inmediata intensidad, más pura, tal y como la deseaba el autor.

Concierto para violín y orquesta Opus 61, de Ludwig van Beethoven

Contemporáneo de la Cuarta sinfonía, así como de los tres Cuartetos “Razumowski”, fue escrito para el virtuoso Franz Clement, que lo estrenó el 23 de diciembre de 1806 en el Theater an der Wien. Fue un éxito público, pero la crítica no fue unánime: “¡Falta de coherencia..., aglomeración espesa y deshilvanada de ideas..., alboroto continuo mantenido por algunos instrumentos...!”. La obra fue sin duda compuesta bastante rápidamente, en el año 1806, el de la caída de la ópera Fidelio y el compromiso secreto de Beethoven con Teresa von Brunswick. Es este acontecimiento privado el que parece haber inspirado al músico, y por ello se ha pretendido que el Concierto de violín respira la felicidad de un verdadero poema amoroso. Sin embargo, el dedicatario fue Stephan von Breuning, un amigo de la infancia, violín solista del Theater an der Wien. Beethoven dedicará a su mujer la transcripción de este concierto para piano y orquesta, realizada dos años más tarde.

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