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Cuando los austríacos llaman, viene todo México
por Christian Kloyber

Cuando los austríacos llaman, viene todo México, dijo un espectador, no sin un esbozo de envidia. En efecto, la noche de música y teatro a las que nosotros invitamos teniendo como tema “Una noche con Strauss y Nestroy”, reunió en la Sala de los Electricistas a todo cuanto por nacimiento o por inclinación cuenta en el círculo cultural vienés. Y además de ello, todo aquel al que le gusta Viena. ¿Y a quién no le gusta Viena? (Bruno Frei, “Austria Libre”: abril 1944, p. 8).

Desde que se fundó la Asociación de los Austríacos y el club cultural de los antifascistas de habla alemana en México, el Club Heinrich Heine, la pequeña colonia austríaca en exilio, se dio a la tarea de llevar a cabo una importante actividad cultural, que se caracterizó principalmente por la representación de obras de teatro y una vasta vida musical.

De hecho, los conciertos y la representación y la escenificación teatral estaban en las manos de los austríacos. Así el Dr. Ernst Robičeck, quien estudió en el Seminario Max Reinhardt en Viena, y quien en México se diera a conocer con el nombre artístico de Charles Rooner, se consagró por completo al teatro al lado de su esposa. El emigrante, entre tanto, ya olvidado, llevó a cabo extraordinarias representaciones teatrales modernas en alemán y francés; y no sólo eso, sino que después de 1945 fue uno de los iniciadores del teatro mexicano moderno, y como tal, influiría posteriormente el teatro moderno al frente del teatro universitario. La antología “México, realización y esperanza”, en 1952, da a este austríaco entusiasta del teatro un reconocimiento por su importante labor para el teatro moderno mexicano.

La primera representación en México y probablemente en Latinoamérica de la “Ópera de los tres centavos”, así como la magnífica escenificación de “Wozzeck”, fueron unos de sus principales méritos durante el exilio. Para esta obra la escenografía estuvo a cargo del austríaco Kurt Berci, mientras que el actor Albert Viktor Blum, austríaco salido del teatro en la Joseftadt, y la actriz alemana Stefannie Spira, fueron los brillantes colegas del austríaco.

Como una actividad del Club Heinrich Heine, se presentó por primera vez el 30 de septiembre de 1944 el drama “Porque su tiempo es corto”, de Ferdinand Bruckner, autor austríaco exiliado en Estados Unidos. Stefannie Spira dirigió esta obra, que tuvo como actores principales a Charles Rooner y Albert Viktor Blum.
También se representaron el “Viaje al cielo de Toni el ahorcado”, de Egon Erwin Kisch; “Cien kilómetros antes de Moscú”, drama de Johannes R. Bechers; “Tres actos en uno”, de Courtline, y “El caso del general de estado mayor Redl”, de Egon Erwin Kisch, para conmemorar el cumpleaños número 60 de este importante autor.

El 15 de diciembre de 1943 el periódico de exilio en México “Demokratische Post” publicó una entrevista con Charles Rooner, en el papel de un aventurero internacional interpretado por él en la película “Doña Bárbara”, al lado de los actores María Félix y Julián Soler. En esa pequeña entrevista describió Charles Rooner su papel: “Esta vez no interpreté a ningún nazi, como en mis primeras actuaciones en México; en “Doña Bárbara” interpreto el papel de un aventurero internacional. Según mi opinión esta película, basada en la famosa novela de Rómulo Gallegos, es una de las máximas producciones del cine mexicano, pienso que “Doña Bárbara” es la más importante película psicológica que se ha filmado hasta la fecha.
Charles Rooner también se dio a conocer por la adaptación al cine “La perla de la paz”, de Steinbeck, y por la famosa película de crimen “La sombra de Chucho el Roto”.

En el año de 1952 Charles Rooner (quien sólo era conocido por un reducido grupo de personas como austríaco) estaba en la cima de su carrera, dirigiendo al grupo teatral de la Universidad Nacional Autónoma de México y dando a conocer el teatro francés en México.

Grandes fueron también las contribuciones de los compositores y directores austríacos en México. El Dr. Ernst Römer, quien llegó directamente de Austria a México en 1938, fue una de las figuras centrales en la vida cultural no sólo de los exiliados. En su casa se fundó el Club Heinrich Heine, fungiendo él como su vicepresidente hasta 1944. El alumno de Schönberg festejó con gran éxito la representación en México de “El murciélago”, opereta que llegó a las 75 representaciones bajo su dirección en el Teatro de las Bellas Artes. De gran mérito fueron sus esfuerzos por dar a conocer la música moderna austríaca; así dirigió los primeros conciertos con las obras prohibidas en el Tercer Reich, de Gustav Mahler y Arnold Schönberg.

Marcel Rubin, notable compositor austríaco, encontró, como otros tantos connotados austríacos, exilio en México junto con su familia. Él fue la cabeza de las aportaciones musicales del programa radiofónico “La Voz de Austria”.
También dirigió el coro de los “alemanes libres”, para diferentes actos. El 19 de noviembre de 1943 apareció Rubin como compositor junto con el compositor mexicano Rodolfo Halffter. La dirección musical estuvo a cargo del austríaco Carl Alwin, director de la Ópera de Bellas Artes. Bajo su batuta se interpretaron el “Divertimento” y la “Sonata para piano No. 3” de Halffter, y la composición “La ciudad espera”, de Rubin. Al final de su cuarto año de exilio en México Marcel Rubin presentó su segunda gran composición, la 2ª. Sinfonía, titulada “Tierra”.

El Profesor Carl Alwin, director y compositor, nació en Königsberg (explicar esto para el hispanoparlante), pero siempre fue conocido por su segunda patria, Austria, su patria musical. Él tenía una relación especial con la ópera vienesa; por ello, no sin orgullo y a la vez con tristeza, contaba cómo el 11 de marzo de 1938 y antes de la anexión de Austria por el régimen de Hitler, él dirigía la última representación de “Eugen Onegin”, de Tschaikowski, mientras las hordas nazis se apoderaban de las calles frente a la Ópera de Viena.
Inmediatamente después de que tomaron el mando los nazis, Carl Alwin renunció a su contrato con la Ópera de Viena y emigró a los Estados Unidos, donde fue director de la Ópera Cívica de Chicago. El entonces famoso cantante exiliado en México, Franz Steiner, miembro fundador de la Asociación Amigos de la Ópera, llamó a Alwin a México en 1941.
Bajo la dirección de Alwin se presentaron en el Palacio de las Bellas Artes y por primera vez en México, “La flauta mágica”, “La novia vendida” y “Salomé”, óperas representadas por cantantes mexicanos.
Durante su tiempo como director de la Ópera de Bellas Artes llegó a dirigir el talentoso Erich Kleiber. En los siguientes años Carl Alwin tuvo la oportunidad de dirigir las óperas “Aída” y “Tosca”. Alwin invitó a Julián Carrillo, compositor contemporáneo y creador del “Sonido 13”, a dirigir “Tannhäuser”, de Wagner.
El deseo más ardiente de Alwin, de volver a trabajar en Viena, no se cumplió. Poco tiempo después de darse a conocer la noticia de la liberación de Austria, murió y fue enterrado en medio del duelo de la colonia de emigrantes austríacos.

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