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Ciclo de Música de Cámara
“Dúo Salzburgo”

Jueves 2 de junio, Ex Convento del Carmen
(Sala Higinio Ruvalcaba)
Hora: 20:30 Hrs.

PROGRAMA

Divertimento en re (Hob. IV) Joseph Haydn

Sonata Op. 1 Alban Berg
(Piano solo)

Tres Lieder (Versión para chello por Yvonne Timoianu) Franz Schubert
I.- Der Wanderer
II.- Rastlose Liebe
III.- Wanderers Nachtlied

Intermedio

Karamahe para violonchelo solo (1974) Klaus Ager

Sonata Arpeggione Franz Schubert
I.- Allegro
II.- Adagio
III.- Allegretto

Dúo Salzburgo
Ivonne Timoianu, violonchelo (Austria)
Alexander Preda, piano (Austria)

 

 

 

 

 

Yvonne Timoianu

Estudió cello en la Academia en Bucarest, y recibió diploma con altos honores en el Mozarteum de Salzburgo.Trabajó con Serafim Antropov, Stefan Popov y Mstislav Rostropovitch. Las giras de concierto la llevaron de Yokio a Quito, de Ciudad del Cabo a México, de Nueva Delhi a Panamá. Su carrera como solista y sus actividades en la música de cámara muestran de cuerpo entero a una versátil mujer dedicada a la música.
Dado su interés por la música contemporánea, varios trabajos han sido dedicados a ella y ha estrenado otros tantos. Pero también ha despertado gran interés como pedagoga, por lo que se ha involucrado en cursos y seminarios internacionales de maestría en cello. Entre las máximas distinciones que Yvonne Timoianu ha recibido, se encuentran el Primer Premio en la Competencia Internacional de Cello “Luis Sigall”, en Chile, y la Medalla de Oro de la Competencia Internacional de Cuerdas de Unisa, en Sudáfrica. Desde 1982 reside en Salzburgo. El instrumento que toca es un cello debido al genio de Giovanni Grancino, construido en Milán en 1721.

Alexander Preda

Estudió piano en la Academia de Bucarest y en el Mozarteum de Salzburgo, entre otros, con Carlo Zecchi. Fue premiado en la Competencia Internacional de Bach, en Leipzig, y en la Competición Master “Arthur Rubinstein” de Piano, en Jerusalén (1977); recibió diploma en el Festival de Música de Bratislava y Premio “Dinu Lipatti” en Bucarest (1978). Alexander Preda es actualmente maestro en el Mozarteum y da seminarios de interpretación en España.

Yvonne Timoianu y Alexander Preda forman el Dúo de Salzburgo, que ha ganado reconocimiento mundial. Participan regularmente en festivales internacionales, tales como el “Pablo Casals” en Vendrell, Santander, Santander y Palma de Mallorca (España); el Festival de Wallonie (Bélgica), el Festival de Noord Holland, Andernacher Musiktage, Semanas Musicales de Chile, el Festival Internacional de Stellenbosch (Sudáfrica) y el Muskhaupstadt Europas de Luxemburgo en 1995.
Aparte del repertorio clásico para cello, Yvonne Timoianu y Alexander Preda también se dedican con éxito a la música contemporánea. Han publicado un CD con las tres Sonatas para Cello por Johannes Brahms op. 38, 78 y 99.

Notas al programa

Joseph Haydn

Haydn, que fue uno de los músicos más fecundos de su tiempo, murió el 31 de mayo de 1809. Escribió cerca de ochocientas composiciones, entre las cuales se encuentran más de cien sinfonías, ochenta y tres cuartetos, cuatro oratorios, varias misas, óperas italianas y alemanas, tríos, conciertos, cantatas, etc. Debe su gloria, principalmente, a los cuartetos y las sinfonías. La sinfonía adquiere con Haydn su definitiva estructura en cuatro tiempos, conservada por Mozart y Beethoven: allegro, adagio (o andante), minué y final (allegro). También el cuarteto tomó la misma forma. Las composiciones de Haydn se caracterizan por su nitidez y serenidad; sus temas son claros y alegres y su desarrollo es fácil y elegante. En la música de Haydn no existen disonancias violentas ni recursos extraños; de las canciones populares sólo se aprovecha lo que armoniza por completo con el carácter severo de la forma clásica; también toma algo de espíritu y de la tradición italianos; el resultado de todo ello es su enorme vivacidad, su gracia y su tierna melancolía. Haydn sobresale en especial en los minuetos; con Haydn, la forma de esta danza severa adquiere una nueva belleza y una mayor agilidad.
Su música posee el encanto de una fluida y seductora espontaneidad; es luminosa, clara, persuasiva, sosegada, unas veces aguda y otras un tanto popular. Raros son los momentos de intensa conmoción y patetismo. Pese a que los últimos años de su vida coincidieron con los primeros del siglo XIX, por el conjunto de su producción Haydn pertenece al XVIII, y sólo algunas veces escribe páginas en que ya se presagian tiempos nuevos, los de ese nuevo siglo tan atormentado y de tan aguzada sensibilidad. Con Haydn, la instrumentación progresa enormemente; cada instrumento adquiere particular importancia de por sí, y se expresa claramente a lo largo del desarrollo orquestal, e incluso cuando se oponen unas a otras, las combinaciones sonoras guardan siempre su peculiar equilibrio.

Alban Berg

Nacido en Viena el 9 de febrero de 1885; muerto en Viena el 24 de diciembre de 1935. Efectuó estudios secundarios y, por el momento, fue tentado por la poesía, y componía como dilettante cuando su hermano le presentó a Arnold Schönberg en 1904. Este músico es el que instruirá a Berg en todas las disciplinas musicales y hará de él un “discípulo” a quien le unirá una inalterable amistad. Sus primeras obras son ejecutadas en 1907 y en ellas se discierne ya el genio, pero el músico sólo afirmará su personalidad hacia 1909-10 (“Cuarteto de cuerda número 3”), con el abandono de la tonalidad clásica. A partir de esta época, se pueden distinguir dos períodos en la creación de Alban Berg: el primero es atonal y va de las “Tres piezas para orquesta, opus 6”, hasta la “Suite lírica”, obra bisagra en la que utiliza por vez primera la técnica serial elaborada por Schönberg. Desde 1926, segundo período dodecafónico, nace una serie de obras maestras (desde la ópera “Lulu”, al “Concierto a la memoria de un ángel”) en las que explota las posibilidades líricas y dramáticas de esta técnica... Después de una tranquila existencia en Viena, Berg, de precaria salud, morirá a los cincuenta años, la noche de Navidad, de una infección que le produjo una septicemia.
Su catálogo de obras no es abundante, pero si de una rara calidad. Además de las dos óperas, “Wozzek” y “Lulu” (cuya instrumentación quedó inacabada), hay que contar principalmente con sus lieder y el aria de concierto “Der Wein”, composiciones para piano y música de cámara y, para orquesta, las Tres piezas opus 6, ya citadas, el “Concierto para violín” (“A la memoria de un ángel”) a las que añadiremos en esta guía el “Concierto de cámara” (para piano, violín y trece instrumentos), la “Suite lírica”, en su versión para orquesta de cuerda, y la curiosa “Sinfonía de Lulu” (o “Lulu Suite”), a la que dio origen la ópera del mismo nombre. La presentación de todas estas obras sigue un orden cronológico.

Ante todo, citemos este texto de Dominique Jameux, que posee el mérito de hacer una puntualización necesaria: “Alban Berg forma parte, con Schönberg y Webern, del grupo de tres músicos que forman la Escuela de Viena. La costumbre ha querido que se le considerara como el músico más dotado y más expresivo de todos ellos, y al mismo tiempo el más apegado a una tradición musical que habría llevado a su máxima perfección. En los últimos años, en parte debido a la pluma y a las actividades de Pierre Boulez, se está realizando una revisión de este juicio y se descubre en Berg una escritura muy elaborada, cuya lección, un poco a la manera de lo ocurrido con Mahler, es preciosa para todos aquellos que se plantean el problema de la arquitectura de la obra, el desarrollo de las células temáticas y del empleo de las voces.

Schubert Lieder en versión para vilonchelo de Schubert

Antiguamente, los cellistas trataban de lograr, con su instrumento, acercarse a la calidad para ejecutar el Schubert Lieder. El violoncello produce lo más cercano a la voz humana, y es apto para que el Lieder produzca las palabras y sonidos como la voz, en su rica paleta de posibilidades modulatorias. El Lieder, arreglado por Yvonne Timoianu para su CE “Der Wanderer” op. 4/1 D 489; “Rastlose Liebe” op. 5/1 D 138 -ambos que datan de 1815, cuando Schubert apenas tenía 17 años-, y “Wanderers Nachtilied” op. 96/3 D 768, se presenta por primera vez como un experimento exitoso.

 

 

 

Sonata para Arpeggione y Piano en La-menor, D 821 de Schubert

Compuesta en noviembre de 1824, esta obra es una prueba para todos los cellistas de concierto. Escrito como “pieza de virtuoso” para instrumento de seis cuerdas, resulta un reto para el cello de cuatro cuerdas que sustituye ahora al desaparecido arpeggione.
La sonata es un trabajo rutilante, de diversos humores, con innumerables repeticiones que son todas variaciones en menor y, obviamente, muy schubertianas. Los tres movimientos son concebidos con relativo apretujamiento y en amigable vena lírica. El cello domina en muchos episodios brillantes, en tanto que el piano tiene un rol secundario de apoyo. Rico en inspiraciones melódicas es el Alegro moderado, que comienza con un tema algo melancólico; el adagio en Mi mayor es un movimiento relativamente corto, casi una introducción extensiva al ataque Final, pero como éste debería ser con Schubert: rico en sentimiento e inspiración. El Rondó final tiene un carácter refrescante que de nuevo brinda una amplia oportunidad al solista virtuoso. Y sí, el resultado es un trabajo genial por el cual Schubert ha inmortalizado al instrumento arpeggione de tan corta vida.
El nombre “arpeggione” es conocido sólo en un autógrafo de Schubert, que muestra la recién construida (en 1823) “bow-guitar”; en las revistas de esa época también se referían a él como “guitarra de amor” o “guitarra cello”, un instrumento de seis cuerdas que se debía colocar entre las rodillas y entonado en mi, la, re, sol, si, fa. Su primera presentación en público en 1824 estuvo a cargo de Vincenz Schuster, quien probablemente también fue iniciador de la sonata.