Exposición
Fotográfica de
Herbert von Karajan

Sábado 14 de mayo, Fundación Jesús Alvarez del Castillo V
Hora: 20:30 Hrs.

De las 10:00 Hrs., a las 16:00 Hrs.

Herbert von Karajan
La batuta experta que transformó el mundo de la música
Por Sergio Alejandro Matos

Analiza la música con microscópica meticulosidad, pero detrás de esa mente se esconden unos instintos que lo envuelven todo en unos velos de embrujo y de pasión. Esto explica la extraña incoherencia de sus expresiones, la perspicacia, el refinamiento incisivo y el encanto de ensueño de sus versiones. Siempre deslumbra su colorido. Herbert von Karajan es sin duda un producto típico de la civilización reinante en las grandes urbes.

De la vida privada de Karajan se cuentan rasgos que cuadran perfectamente con esta imagen. Le apasionan los coches. No le gusta que le retraten ante el atril, pero sí en un nuevo coche suyo. Su sueño era poseer un Jaguar de 100 HP. Se aficiona a los problemas técnicos. Era además, un deportista entusiasta y lo que más prefería era esquiar, llenándole de orgullo su título de mejor esquiador del Tirol. Practicó el deporte con temeridad. En una entrevista, Paula von Reznicek consigna la afición de Karajan a las largas excursiones, en las que nadie puede o quiere acompañarle y que le llevan a refugios perdidos en la soledad.

Karajan fue uno de los directores que ensayaban con mayor ahínco. Nunca le parecieron los ensayos largos, ni tampoco suficientes. Jamás se detuvo sin haber perfilado los últimos detalles. Fue puliendo sin cesar, para aproximarse a la imagen ideal en que se formó de la obra. No dejaba al azar nada del concierto. Pero también hay opiniones contradictorias en esto. No se puede negar que las orquestas mejoran entre las manos de tan brillante preparador. Crecen en virtuosismo y limpieza, y aumenta la belleza sonora, como lo demostró su orquesta titular: la Filarmónica de Berlín.

A propósito de Karajan, debemos decir algunas palabras sobre el hecho de dirigir de memoria. En el año 1816, las salas de concierto vienesas presenciaron un espectáculo sensacional: cierto violinista, caído hoy en el olvido, tocó de memoria una composición, y esto parecía algo completamente nuevo. Pero la costumbre se extendió con rapidez. Por todas partes Paganini y Liszt habían tocado siempre de memoria, lo cual contribuyó no poco al entusiasmo del público. También había causado gran sorpresa que Hans von Bülow tocase de memoria las 32 sonatas de Beethoven.

El dirigir de memoria causaba admiración porque era algo nuevo, e hizo escuela porque causaba admiración. Hoy día, casi se hace sospechoso el director que hojee la partitura dirigiendo una sinfonía de Beethoven. Por otra parte, si la partitura sirve de ayuda para la memoria, no se debe prescindir de ella por una mera cuestión de moda. En general, el dirigir de memoria da una seguridad mucho mayor en la realización de las obras y en las relaciones con la orquesta, habiendo contribuido a perfeccionar la técnica de la dirección. Ya no es posible hoy, ni en teatros de provincia, el tipo del director-semáforo, con la cabeza metido en la partitura, y no se debe juzgar ligeramente a los que dirigen de memoria.

En las últimas décadas se ha propagado muchísimo tal forma de dirigir. Y de memoria lo hacen muchos jóvenes directores de orquesta, incluso cuando dan primeras audiciones de las obras modernas más difíciles. Toman como modelo a Toscanini. Parece ser que éste se ve obligado a dirigir de memoria por su mala vista; pero tal artista es una excepción. Por estar fuera de todas las normas, no puede servir de medida. Lo que él consigue hacer no se halla al alcance de otros.

A fuerza del ejercicio, la técnica de la memoria musical se ha perfeccionado en proporciones nunca sospechadas. De igual modo que algunos actores han estudiado quinientos papeles durante su vida, también algunos directores pueden dirigir de memoria el mismo número de obras. Adquieren la técnica de retener en la memoria una partitura después de leerla una o dos veces. Algunos la recuerdan tan sólo por poco tiempo; más otros la recuerdan durante toda la vida.

Claro que esto requiere de musicalidad, intensidad, sensibilidad y vigor.

Herbert von Karajan concedió gran importancia a dirigir de memoria, haciéndolo así aun tratándose de obras extensísimas (de hasta cuatro horas), como los dramas líricos de Wagner.

Heribert Ritter von Karajan, mejor conocido como Herbert von Karajan, nació en Salzburgo el 5 de abril de 1908. Comienza estudios de piano en 1912 y trabaja en el Mozarteum, al mismo tiempo que atiende clases en el Liceo de su ciudad. El director Bernhard Paumgarter lo encamina hacia la Escuela de Música de Viena donde se hace alumno del célebre Fraz Schalk. Debuta como director en 1927 con "Fidelio" de Beethoven, en Salzburgo. Compromisos profesionales lo llevan a Aquisgrán de 1935 a 1941, siendo el más joven director en Alemania.

En 1937 hace su debut en la Ópera de Viena y al año siguiente en Berlín. Graba sus primeros discos a finales de los años treinta, y durante la ocupación alemana dirige con frecuencia la Ópera de París. En 1946 comienza su colaboración con la Filarmónica de Viena, pero su adhesión al Partido Nazi durante los años de guerra le trae consecuencias, cancelaciones y enemistades que interrumpen varias veces su carrera. En 1948 comienzan sus presentaciones en el Festival de Salzburgo y al año siguiente trabaja en la Scala de Milán, plaza que visitará a lo largo de los años cincuenta en legendarias representaciones. Le nombran al frente de diversos festivales europeos y forja una alianza artística con Walter Legge y la Orquesta Filarmónica de Londres, donde inicia una serie de grabaciones innovadoras. En 1951 aparece en Bayreuth, a la muerte de Wilhelm Furtwängler, es nombrado director musical vitalicio de la Filarmónica de Berlín. Se le nombra en Viena a cargo de la Ópera, donde realiza sus deseos por varios años hasta que renuncia cuando no le cumplen sus condiciones. Comienza producciones operísticas para el cine y funda su propia empresa para ese propósito. En 1967 funda el Festival de Pascua de Salzburgo, además de concursos internacionales para jóvenes directores y otro para orquestas. Se le ofrece la Orquesta de París y reanuda sus actividades en Viena.

Funda otra empresa llamada "Telemondial", con la que filma lo mejor de su repertorio. Un problema de descalcificación de la médula espinal le impide caminar, hasta que una operación en 1983 le permite volver a caminar con cierta normalidad. Amado o detestado, Karajan es indiscutible figura señera de la dirección de orquesta en el siglo XX. Su perfecto conocimiento de los instrumentos y sus posibilidades, aunados a su exigencia y tenacidad, le permitieron elevar a la Filarmónica de Berlín a niveles de excelencia que ninguna orquesta había alcanzado antes. Sus interpretaciones demuestran de igual manera la evolución de una de las mentes más musicalmente avanzadas de este siglo.

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