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| Programa general | Teatro Degollado |

CONCIERTO 1 DE JUNIO

Orquesta Filarmónica de Jalisco
Héctor Guzmán, director titular
Lilya Zilberstein, piano

Lugar: Teatro Degollado
Hora: 20:30 Hrs.

Programa:

“Tu son, tu risa, tu sonrisa” de Daniel Catán (1949)
Concierto para piano y orquesta No. 3 de Sergei Rachmaninoff (1873 –1943)

I –Allegro ma non tanto
II –Intermezzo: Adagio
III- Alla breve

Intermedio

“La Noche de los Mayas” de Silvestre Revueltas

I-Noche de los Mayas
(Molto sostenuto)

II-Noche de jaranas
(Scherzo)

III-Noche de Yucatán
(Andante espressivo; attaca)

IV-Noche de encantamiento
(Tema y variaciones)


Orquesta Filarmónica de Jalisco

Por iniciativa del Maestro José Rolón, en el año de 1915, un grupo de músicos jaliscienses comenzó a ofrecer al público de Guadalajara, audiciones de cámara y sinfónicas, estableciendo el punto de partida para la que , en el futuro, sería la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Entre 1915-1924, la Orquesta fue manejada por la Sociedad de Conciertos, que funcionaba mediante una mesa directiva, recibiendo apoyo económico de la iniciativa privada y una subvención del Gobierno Estatal; ésta fue suspendida en 1923, resultando en la disolución del organismo. Los músicos, sin embargo, siguieron trabajando para impedir que la Orquesta desapareciera, y lograron que el Gobernador José Guadalupe Zuno brindara apoyo económico; debe mencionarse la dedicación que Don Pedro González Peña tuvo para la Orquesta, hasta el 1939.

En febrero de 1942, cuando Guadalajara celebraba el 4º centenario de su fundación, paseaba por la ciudad el Maestro Leslie Hodge, quien escuchó interpretar varias piezas clásicas a algunos músicos, se les acercó con ánimo de conocerlos, y al mismo tiempo los alentó a formar una orquesta. Se le invitó a organizarla y dirigirla. Sus compromisos se lo impedían en ese momento, pero prometió venir una vez concluida la Segunda Guerra. Así la Asociación de Amigos de la Música solicitó al Gobernador Marcelino García Barragán que garantizara la permanencia de la orquesta, en vista del ofrecimiento del Maestro Hodge, quien se convirtió el primer director de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara. Este patrocinio se mantuvo hasta 1950, en el que se formó Conciertos Guadalajara, A.C., que se encargó de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara con subvenciones económicas de los gobiernos estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.

En 1971 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara pasó a ser un organismo del Departamento de Bellas Artes del Estado de Jalisco, que desde entonces la manejó artística y económicamente.
Reconocida como una orquesta dúctil y de versatilidad por los directores que trabajaron con ella, la Orquesta Sinfónica de Guadalajara tuvo un promedio de 60 presentaciones al año, entre conciertos, ópera y ballet, dirigida por figuras como Leslie Hodge, Abel Eisemberg, Helmut Goldman, Eduardo Mata, Kenneth Klein, Hugo Jan Huss, Francisco Orozco, Manuel de Elías, José Guadalupe Flores, Guillermo Salvador y Luis Herrera de la Fuente. Participaron como solistas Paul Badura-Skoda, Claudio Arrau, Jörg Demus, Henryk Szeryng, Plácido Domingo, Alfred Brendel, Bernard Flavigny, Jean Pierre Rampal y Narciso Yepez, entre otros.

En 1988 la Orquesta Sinfónica de Guadalajara cambia de nombre, con lo que nace la Filarmónica de Jalisco. La intención era que su utilidad sinfónica se extendiera a todo el Estado. Esta organización ha sido integrada en base a una estricta audición de atrilistas aspirantes, cuya selección garantiza la homogeneidad sonora del rendimiento técnico de sus miembros. Esto nos permite considerar que la Filarmónica de Jalisco pueda afrontar con gallardía y decoro todo tipo de repertorio, incluidas las obras más ambiciosas de los últimos años. Desde Mayo de 2004 el maestro Héctor Guzmán es el nuevo titular de la Filarmónica de Jalisco.

Integrantes OFJ

Director Titular
Héctor Guzmán Mejía

Concertino
Sava Latsanich Belecanich

Co-Concertino
Jolanta Michalewicz Brucz

Concertino Honorario
Salvador Zambrano Origel

Violines I
Ignacio Sandoval Romero
Efraín González Anaya
Juan José Reyes Barreda
José Luis Parra Rodríguez
Alfonso Sida Ulate
Diego Rojas Miramontes
Aurelian Ionescu Georgescu
Luis Cárdenas Saldaña
Radu Iosef Varga Sirbu
Ramón Padilla Gómez

Violines II
Carlos Esteban Pichardo Santillán *
Víctor Padilla Zaragoza**
Miguel Zambrano Origel
Francisco Javier Ledezma Ramírez
César Huízar González
Pedro Aguilar Bautista
Isaúl Sánchez Rivera
José Ascención Acosta Farías

Violas
Robert Carl Nelson*
José de Jesús De Loza Guevara**
Antonio Chavira Méndez
Iouri Fiodorovich Kassian Macarchuk
Hugo Uribe Jauregui
Pedro Barbosa Salazar
José de Jesús Cabrera Zuñiga
Cruz Alberto De Loza Guevara
José Alonso Pérez Hernández

Violonchelos
Costinel Florica*
Petr Ziatkov **
Emmanuel Issac Ramírez Ríos
Humberto Ramírez Hermosillo
Felipe de Jesús Gutiérrez Robledo
Anayeli Tapia Chacón
Ramón Becerra Caro
Antonio Álvarez García
José de Jesús Mateos Sezate
Eduardo Javier Mendizabal Montes
Contrabajos
Hipólito Ramírez Durán*
José Isabel Navarro García**
Salvador Gómez Tachiquín
Mario Ballesteros García
Ryszard Ronowicz Borash
Marco Antonio Valencia Velasco

Flautas
Nury Ulate Solís *
Andrzej Witold Bozek Zaczek**
Pedro Velázquez Cardoso

Oboes
Carrie Ellen Smith *
Domingo Damián Ramírez Espinoza**
Manuel Mateos Sezate

Corno Inglés
Nancy de la Caridad Calcedo Goytizolo

Clarinetes
Charles Edward Nath Ennis *
Carlos Ramírez Loesa**
Francisco Morán Espinoza

Fagotes
Luciano Pérez González**
Igor Kozlovski Vladimirovich**

Cornos
Stephen Dale Wenrich Morrill *
Frank Callaway Strauch**
Oscar Morales Camacho
Mario Ponce Zúñiga
Colleen Louise Blake Harter

Trompetas
Federico Palacios Jiménez*
Araceli Villalvazo Robles **
Salvador Hoyos Quezada

Trombones
Bonifacio Padilla Rivera*
Arturo Navarro Esqueda

Trombón Bajo
Blas Asunción Padilla Mendoza**

Tuba
Manuel Cerros Guevara*

Arpa
Guadalupe Fabiola Corona Pérez*

Timbales
Felipe de Jesús Espinoza Gallardo*

Percusiones
Jorge Eduardo Aceves Cisneros**
Juan Ramón Aceves González
Alfredo Tiscareño Castellanos
Gustavo Ortiz López

Administración

Gerente General
Martha Inés Ramírez Aguilera

Gerente Administrativo
Emilio López Cruz

Gerente de Operaciones y
Recursos Humanos

César Tena Ramírez

Jefa de Difusión y RP
Ingrid Deira Crespo Velázquez

Bibliotecario y Copista
Rodolfo Flores Almaraz

Asistente de Dirección
Ana María Delgadillo Morán

Asistente de Promoción
Roberto Vázquez De La Paz

Auxiliar Contable
Lucia Selene García Soria

Secretaria
Micaela Nuño Carmona

Ayudantes de Orquesta
Juan José Bautista Segura
Gustavo Siordia Arizaga
Juan Moisés Quintana Macías

Chofer
Luis Ignacio Vázquez Delgado

Intendencia
Araceli López Navarro

Servicio Social
Estefanía Hernández

Artistas invitados
Jorge Enrique Estrada, percusión
Félix Humberto Becerra Alvizo, percusión
Patricia Alcalá Sánchez, percusión
Norma Amalia Quintero Salgado, percusión
Gerardo Contreras Robles, percusión
Carlos Omar López González, percusión
Imuris Alejandra Ulloa Morales, trompetista
Norma Raquel Muñiz Mercado, piano
Esdras López Salgado, percusión
Nayeli Dafne Carballo Macías, percusión
Mónica Sandoval Flores, percusión
Antonio Segura Flores, percusión
Danny Jesús Díaz Murzi, percusión
Francisco Javier Aceves González

Víctor Manuel Amaral Ramírez, apoyo en dirección coral
José de Jesús Medina Paniagua, coordinador del Coro

*Principal de sección
** Co-principal

Héctor Guzmán
Director titular

Reconocido internacionalmente como uno de los músicos mexicanos más sobresalientes en la actualidad, es director titular de las sinfónicas de Plano, Irving y San Angelo en los Estados Unidos. En el 2004, después de resultar ganador del concurso internacional: Siete Directores por una Batuta fue nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, reiterando su lugar como una de las figuras en el podium de más importancia en México y en el mundo.

Ha sido director huésped de importantes orquestas: OFUNAM, Xalapa, Estado de México, Cámara de Bellas Artes, Vivaldi de la Cd. de México, Monterrey, Filarmónica de la Cd. de México, Sinfónica Nacional, así como las orquestas de Dallas, San Antonio, Wheeling, la Sinfónica Nacional de la República Dominicana, la Collegium Orchestra de Praga en la República Checa, la Filarmónica de Japón y la Orquesta Amadeus en Ruffano, Italia.

Nacido en Fresnillo, Zacatecas, Guzmán estudió en el Conservatorio Nacional de Música en México con Victor Urban y posteriormente en la Southern Methodist University y la Universidad del Norte de Texas, bajo la guía del célebre maestro Robert Anderson. A través de su trayectoria en estas instituciones, fue ganador de los concursos “Manuel M. Ponce”, “Solistas del Conservatorio” y en 1978, obtuvo para México el segundo lugar del concurso de órgano más importante en el mundo, el Grand Prix de Chartres celebrado en Francia.

Ha contado con la guía en dirección orquestal de Anshel Brusilow (Philadelphia Orchestra), Helmuth Rilling (Universidad de Oregon), Carlo Maria Giulini (Accademia Musicale Chigiana, Italia), y su gran amigo y maestro Eduardo Mata.

En el 2004, Héctor Guzmán fue nombrado Ciudadano Distinguido por su estado natal Zacatecas. Asimismo, recibió la Medalla de Plata 2004 otorgada por la sociedad americana: Sons of the American Revolution por su contribución artística a nivel mundial y desde el 2000 esta incluido en el libro Grandes Músicos del Siglo XX, editado por el Instituto Biográfico de Cambridge, Inglaterra.

En reconocimiento a su labor internacional, Héctor Guzmán ha sido honrado con premios como la Lira de Oro en México, el Meadows Award, el premio Director per Excellence, otorgado por el Instituto Tecnológico De Vry, en los Estados Unidos y la Medalla al Mérito Artístico 2005, la más alta condecoración otorgada por el gobierno del Estado de México a través del Conservatorio de Música del Estado de México. Asimismo fue galardonado con la Medalla al Mérito Artístico Candelario Huizar 2006 que le fue otorgada por el gobierno de Zacatecas.

Lilya Zilberstein
Piano

Desde que en 1987conquistó el Primer Premio en la Competencia Busoni Internacional de Piano, Lilya Ziberstein se ha convertido en una de las más excelentes pianistas del mundo.
En los Estados Unidos de Norteamérica se ha presentado con Chicago Symphony en Ravinia, Colorado Symphony, Dallas Symphony, Florida Orchestra, Indianapolis Symphony, Jacksonville Symphony, Milwaukee Symphony, Montreal Symphony, Omaha Symphony, Orchestre Symphonique de Quebec, Oregon Symphony, Pacific Symphony y Saint Louis Symphony, por citar unas pocas.

En Europa y Asia sus brillantes actuaciones incluyen Berlin Philharmonic, Czech Philharmonic, Dresden Staatskapelle, Helsinki Philharmonic, Leipzig Gewandhaus, London Symphony, Moscow Philharmonic, NHK Symphony (Tokio), RAI Symphony (Torino), Royal Philharmonic, La Scale Orchestra, Taipei Simphony y Viena Symphony.

Lilya Zilberstein concluyó recientemente un ciclo de conciertos de Rachmaninoff con la Stuttgart Philharmonic, durante la cual ejecutó los cuatro conciertos y las Variaciones de Paganini ¡en tres tardes! Los compromisos del Festival incluyen Lugano, Península, Chautauqua y Mostly Mozart (En su Mayoría Mozart), ambos en Nueva York y Japón.

Una seductora recitalista, la señora Zilberstein se presenta regularmente en centros musicales de música de toda la Unión Americana, Europa y Japón. Recientemente ha deleitado a los auditorios de Madrid, Berlín, Budapest, Francfort, Hamburgo, Innsbruck, Luxemburgo, Stuttgart y Liverpool. También ha formado excelentes dúos, durante años, con su cercana colaboradora Martha Argerich.

Además de cortas presentaciones en Noruega, Francia, Italia y Alemania, un CD de la Sonata de Brahms para dos Pianos, ejecutada por las señoras Zilberstein y Argerich, fue dado a la publicidad y venta en 2003. Futuras colaboraciones incluyen extensas giras por los Estados Unidos, Canadá y Europa, con el sobresaliente violinista ruso Maxim Vengerov. Incluida en la grabación de EMI Martha Argerich y sus amigos: En vivo desde el Festival de Lugano, la ejecución que hicieron el señora Zilberstein y el señor Vengerov de la Sonata No. 3 de Brahms para Violín y Piano, ganó una nominación Grammy por el mejor álbum clásico y la mejor interpretación de música de cámara.

Lilya Zilberstein también ha hecho numerosas grabaciones para Deutsche Grammophon, que incluyen los Conciertos de Rachmaninoff Nos. 2 y 3, con Claudio Abbado y la Berlin Philharmonic; el Concierto de Grieg con Neeme Järvi y la Göteborg Symphony, así como solos de Rachmaninoff, Shostakovic, Mussorgsky, Liszt, Schubert, Brahms, Debussy, Ravel y Chopin.

Nacida en Moscú, la señora Silverstein es graduada del Gnessin Pedagogical Institute. Además de la Medalla de Oro de la Busoni Competition, en 1998 fue ganadora del Premio de la Accademia Musicali Chigiana en Siena, Italia (otros destacados con Premio incluyen a Gidon Kremer, Anne-Sophie Mutter y Esa-Pekka Salonen). Desde 1990 la señora Lilya Zilberstein tiene su domicilio en Hamburgo, Alemania.

Claudio Abbado - Filarmónica de Berlín - Lilya Zilberstein

 

Daniel Catán

Nació en la Ciudad de México, el 3 abril 1949. Compositor, pianista, director de orquesta y pedagogo. En su ciudad natal inició sus estudios musicales. Recibió en 1964 el Primer Premio en piano en el Festival de Bath, Inglaterra. En 1970 ingresó a la Universidad de Southmpton (GB), donde obtuvo el bachillerato en Música en 1973. De1973 a 1975 estudió una maestría en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey (EU), y allí mismo consiguió un doctorado en música, en 1977. Maestro de música en la Universidad de Princeton de 1973 a 1977, y de composición en el Conservatorio Nacional de México de 1977 a 1982. Fundó la Camerana de la Nueva España (1977). Dirigió la Orquesta de Cámara de Bellas Artes y la Brighton Youth Orchestra, en 1983. Para la prensa cultural ha escrito numerosos artículos. Entre sus obras como compositor figura: Ocaso de medianoche, estrenada en octubre de 1979 por la Orquesta Sinfónica del Estado de México , y Encuentro en el ocaso, ópera con libreto de Carlos Montemayor que fue premiada por la Fundación Morales Esteves en febrero de 1979.

Tu son, tu risa, tu sonrisa
Daniel Catán (Concierto 01 de junio)

Daniel Catán (1949), es hoy día el máximo representante en México de una reducidísima éllite de compositores de música de concierto con probado éxito comercial. En 1994 Catán recibe el premio a la mejor música para televisión, por su partitura creada para la telenovela “El vuelo del Águila”, que es una obra con fuertes reminiscencias de la “Belle epoque” en que Ernesto Elorduy (1855-1913) regía con sus patrones estéticos los salones de la burguesía porfiriana.

La obra “Tu son, tu risa, tu sonrisa” fue compuesta a solicitud de la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México; su primera audición fue dirigida por Francisco Savín (1929), en la Ciudad de México, el 14 de marzo 1992, y pocos días después (abril 11), se estrenó en los Estados Unidos, con orquesta a cargo de Eduardo Diazmuñoz. Esta obra cuyo título puntualiza el autor, “predice al oyente qué es lo que va escuchar”, requiere para su ejecución de un nutrido cuerpo de percusiones, que puedan recrear el carácter popular enraizado en ritmos caribeños y afroantillanos, del que Catán se sirve para lograr la sabrosura con que aquí solaza a sus seguidores.

Lázaro Azar Boldo, Septiembre de 1996.

Sergei Rachmaninov

Concierto número 3, en re menor (Opus 30)

Estrenado por el autor el 28 de noviembre de 1909 en Nueva York bajo la dirección de Walter Damrosch. Contemporáneo de La Isla de los Muertos, fue escrito entre la primavera y el otoño de 1909 en Ivanovka, una propiedad del compositor.
Casi tan popular como el Segundo, tiene unas proporciones mucho más grandes y una factura pianística especialmente cargada, lo que hace de él una de las obras más peligrosas de todo el repertorio.

1.- Allegro non tanto: El primer tema, expuesto por el pianista a la octava, asombra por su sencillez melódica.
En él se ha visto la influencia de antiguas melodías religiosas rusas. Es repetido por la orquesta mientras el piano teje una ornamentación cada vez más brillante y completa. Al llegar a la indicación Allegro, un corto motivo ritmado de la orquesta anuncia el segundo tema, que aparecerá bajo la forma definitiva de una melodía lírica en el piano, que la desarrollará intensificando su carácter cantante. El desarrollo comienza con una repetición del tema inicial, que para por diferentes modulaciones. Un crescendo progresivo del piano y de la orquesta termina en una primera culminación, de la que escapa el piano por medio de un vertiginoso descenso de acordes martillados, alternados por las dos manos. Y después de un momento de calma en que se elevan apoyaduras sincopadas, viene la demiúrgica cadenza, para lo que Rachmaninov previó dos versiones: una corriente, la más lograda, y otra de una acrecentada dificultad, gracias a los nutridos acordes que tiene. La cadenza evoluciona hacia arpegios acentuados por ritmos con puntillo, sobre cuyo fondo la orquesta repite variante del primer tema. La coda (Templo primo) constituye de hecho una mini-reexposición y termina con un evasivo decrecendo.

2.- Intermezzo: Además de su bella inspiración melódica, este movimiento tiene una forma y un contenido tan ricos como originales. La orquesta expone un único y largo tema, que es repetido en una serie de variaciones por el piano. Durante éstas, el primer tema del movimiento anterior reaparece en la orquesta. La parte central (poco piú mosso) es un scherzo de una textura sonora y de una escritura pianística mucho más finas. Después de una corta repetición del tema del comienzo, algunos compases tumultuosos del piano conducen al movimiento final, que se encadena inmediatamente.

3.- Alla breve: Son los ritmos que aquí predominan, especialmente el ritmo de cabalgada. El piano se mantiene normalmente en el registro agudo. La parte central, Scherzando, está casi enteramente escrita en la tonalidad de mi bemol mayor. Una vez más el principio cíclico se reafirma en esta obra, con citaciones de dos temas del primer movimiento. Sin embargo, pese a su vitalidad y a su centelleo, el final carece de la calidad de los dos movimientos anteriores y tiene más valor por su técnica que por su invención.

Silvestre Revueltas

Nace en Santiago Papasquiaro, Durango, el 31 de Diciembre de 1899. Muere en la Ciudad de México, el 5 de Octubre de 1940.
Compositor, violinista y director. Uno de los representantes mas importantes del periodo nacionalista mexicano. A los 8 años de edad comenzó a estudiar formalmente el violín, cuando su familia radicaba en Colima. Regresó después a la Ciudad de Durango y continuó sus estudios en el Instituto Juárez, en 1911.

Se trasladó a la Ciudad de México en 1913, en dónde tuvo por maestro de violín a José Rocabruna, y de composición a Rafael Tello. En 1917 viajó a EU e ingresó al Saint Edward College, de San Antonio, Texas; en 1918 se inscribió en el Chicago Musical College, donde fue alumno de León Sametini (violín) y de Félix Borowsky (composición); Obtuvo el titulo de violinista, concertista y compositor en esta institución.

Regresó a México en 1920 y ofreció varios recitales con gran éxito, tanto en los Estados Unidos como en la Capital. Volvió a EU, al Chicago Musical College (1920-21), y se perfeccionó con Ottokar Sevcik y Valsav Kochansky. Nuevamente en México (1924-25), con Carlos Chávez organizó una serie de conciertos de música moderna con la que dieron a conocer varias obras de Schoenberg, Webern, Berg, etc. Regresó a EU en los primeros días de 1926, y actuó como violinista y director de orquesta en San Antonio, Alabama, Mobile, Houston y otras ciudades sureñas. Cuando Chávez asumió la dirección del Conservatorio Nacional, lo llamó para dar cátedra de composición y para ser subdirector de la Orquesta Sinfónica de México (1929), cargo que ocupó hasta 1935. Fue director titular de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio (1936), y poco mas tarde director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, hasta su muerte.

Fue también director del Conservatorio Nacional (1933-36). En 1937 marchó a España, invitado por la República. Fue secretario general de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, participó en la guerra civil al lado de la República. Visitó Madrid, Barcelona y Valencia, donde ofreció exitosos conciertos.

En Madrid, el 22 de Septiembre del 37 presentó su composición Homenaje a García Lorca, que constituyó una enérgica protesta en contra del futuro régimen de Francisco Franco.

Al finalizar el conflicto, Revueltas regresó a México e inició una etapa prolífica como compositor y director, que se prolongó hasta el tiempo en que acaeció su muerte. En su copiosa obra abundan las composiciones para grupos de cámara, aunque hizo también trabajos para orquesta sinfónica, canciones, piezas para violín solo, etc. Algunas de ellas son Dúo para pato y canario, para voz pequeña y orquesta; El renacuajo pa seador, ballet estrenado el 5 de Octubre de 1940 en el Palacio de Bellas Artes, Cuauhnáhuac, poema sinfónico; Esquinas, poema sinfónico estrenado el 20 de noviembre de 1931; Tres cuartetos de cuerdas; El Tecolote, para voz y piano; Alcancías, poema sinfónico; Tres piezas para violín y piano; Colorines, poema sinfónico; Ventanas, poema sinfónico; Planos, poema sinfónico; La Coronela, ballet; Upa y Apa, espectáculo teatral musical; Amiga que te vas, para barítono sobre un poema de Lopez Velarde: México y España; El Patrón, para coro y orquesta; La muchacha negra, con letra del poeta Lengton Hugues; La musica para las películas: Los de abajo, El signo de la muerte, Redes. Vámonos con Pancho Villa, etc.

Silvestre Revueltas
La noche de los mayas

En 1941, a unos meses del deceso de Silvestre Revueltas (1899-1940), el poeta Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura 1990) escribió: “Silvestre Revueltas, todos lo recuerdan, era, físicamente, de la misma estirpe de Balzac y Dumas. (…) Su música, irónica, burlona, esbelta, flecha y corazón al mismo tiempo, era un prodigioso y delgado instrumento para herir. Un arma y una entraña simultáneamente. Silvestre no se defendía de la música, como no se defendía de la vida.

“Aguzaba la punta de su música como el sacerdote aguza la hoja del cuchillo, porque él era el sacrificador y la víctima. Había encontrado el punto misterioso en que el arte y la vida se tocan y se comunican, el nervio tenso de la creación”.
Nacido en Santiago Papasquiaro, Durango, México, el 31 de diciembre de 1899, fiesta de San Silvestre, Revueltas fue uno de los músicos más creativos y revolucionarios de la primera mitad del siglo XX mexicano. Rodeado de una inexacta leyenda negra como músico borrachín y despatarrado; hombre íntegro de profundo humanismo y convicciones políticas a toda prueba, Revueltas nos negó un maravilloso y no muy extenso conjunto de obras difícilmente clasificables, entre ellas Cuauhnáhuac, Cuatro cuartetos de cuerda, Janitzio, Tocata (sin fuga), Redes: Homenaje a Federico García Lorca; Sensemayá, Colorines, varias canciones y música para cine.

La materia sonora de La noche de los mayas fue escrita en 1939 para la película homónima, dirigida por Chano Urueta.

Sin ninguna exageración nacionalista, hoy cabe afirmar que La noche de los mayas es una de las partituras más impresionantes y singulares compuestas durante el siglo XX. Es, a no dudarlo, una de las obras mexicanas que sortearán los años sin problemas, con pétrea reciedumbre de ídolo precolombino.

La película que originó esta partitura tal vez no posea la grandeza de su música incidental. Ha comentado Jorge Ayala Blanco: “(Este filme) ve a los indígenas (mayas), como hombres superiores, especie de seres sagrados que se oponen acertadamente a la mezcla de razas. Los indios sólo esperan el dictado de los dioses para sacudir(se) la inercia, rebelarse y efectuar el desquite contra los blancos, que los han sojuzgado. (…) La cosmogonía y los ritos constituyen lo más relevante de la condición de los indígenas”.

Con máxima maestría, la música refleja, enmarca y sostiene los sucederes y atmósferas de la película. Empero, Revueltas llega mucho más lejos: consciente de que “lo mexicano” es, y será siempre, mestizaje, el compositor echa por la borda aquello de que “…los indígenas… se oponen acertadamente a la mezcla de razas”, y escribe música sólo posible en un México moderno y mestizo, enfilado por las engañosas esperanzas futuristas del modernismo tecnológico que se avizoraba en su época, y por sus convicciones políticas, profundamente humanisticas. Revueltas está, además, nutrido con el gran muralismo mexicano, y su intensidad expresionista resulta, podría decirse, correlato sonoro de Orozco, o Siqueiros; Revueltas sería, a la vez, el sonido de El eco de un grito y de La casa blanca.
Esta música permaneció olvidada hasta fines de los cincuenta, cuando José Ives Limantour desempolvó las partituras y dio continuidad a las treinta y tantas secuencias que Revueltas escribió para el filme. Así las cosas, La noche de los mayas la estrenó la Orquesta Sinfónica de Guadalajara (México), dirigida por Limantour, el 31 de enero de 1960.

El primer tiempo, “Noche de los mayas”, posee la mayestática energía de los volcanes mexicanos, pues, porque Yucatán es plana, sufre nostalgia de volcán, como esa “Pobre Castilla la llana/ que no pudo ver el mas” (Ramón Pérez de Ayala). Hay aquí una sensación clara de lo inescrutable, un magnetismo de epopeya, la gran pregunta e imponente majestad que toda pirámide mesoamericana entraña. El tema posee una “…riqueza de posibilidades, de adivinaciones y de impulsos …(un) aire de primer acorde, de centella escapada de un mundo en formación” (Paz). Sigue un pasaje de sutil dulzura, con toques armónicos modales, que parece retratar esa inocencia histórica de los indígenas de Mesoamérica, a quienes hoy imaginamos sometidos a sus símbolos y a su Fatum. Finalmente reaparece el tema inicial, y este primer tiempo concluye con la afirmación del titánico clima épico, que tras su natural culminación armónica se corta de tajo, casi decapitado.

Luego viene la “Noche de jaranas”. Aquí la complejidad rítmica es deslumbrante, y oímos al Revueltas bromista y sarcástico: ritmo, orquestación y armonía nunca dicen nada en serio; hay puros guiños, albures, hasta llegar a una culminación exaltada, sólo para que todo se extinga de repente. Ante esta noche jaranera nuevamente es indispensable citar a Paz: “(Revueltas) Era como una feria de pueblo: la iglesia, asaeteada por los fuegos de artificio, plateada por la cascada de aguas resplandecientes; fortaleza inocente y cándida, humeante ruina que gime en los sonidos, en los ayes de la cohetería agónica; el mágico jardín, con su fuente y su kiosco, con la música heroica, desentonada y agria; y los cacahuates, en pirámides, junto a las naranjas, las jícamas terrestres y jugosas y las cañas de azúcar, con sabor a estrella líquida y tierra inocente…”

La aparición de la jarana tiene aquí un evidente significado mestizo, evocador de los bailes nacidos de ritmos ibéricos que se transfiguraron en tierras mexicanas, al igual que ocurrió con tantos sones, jarabes y huapangos, posibles descendientes de danzas quizá españolas, que luego hundieron sus raíces en México y que, a su turno, tal vez hayan navegado a Europa algo más seriecitas y catrinas, con disfraz de chaconas, passacaglias y zarabandas.

“Noche de Yucatán” es el momento cantable e idílico de la obra, evocador de las cálidas noches caribeñas. Se trata de una música lenta en que predominan las cuerdas con apasionamiento, cornos, clarinetes y tuba, plena de ese sentimentalismo dulce y lloroso de los yucatecos. Y en mitad de todo este arrullo surge, sencillo como la lluvia, un elemento auténticamente precolombino: una cita textual de la melodía maya Iones, iones palexén (“Vamos, vamos, muchachos, la tarde está al caer”), que canta la flauta sola sostenida por sonajas y tambor indio. Se trata tal vez de la más antigua melodía precortesiana conocida, que ha sobrevivido ¡Cuánto menos! Más de seis o siete siglos vía tradición oral. Después reaparece el cantar sentimental, ahora algo más íntimo, adormecido con las cuerdas en sordina.

Antes de abordar el cuarto movimiento conviene que hable el propio Revueltas, el músico ante su instinto creador: “Dentro de mí existe una interpretación muy peculiar de la Naturaleza. Todos es ritmo… (…) Mis ritmos son pujantes, dinámicos, táctiles, visuales; pienso en imágenes que son acordes en líneas melódicas y se mueven dinámicamente. Por eso cuando se posesiona de mí la necesidad de dar forma objetiva, gráfica, a esos ritmos, sufro una conmoción biológica total. Es mayor que el esfuerzo del parto, no por la expulsión, sino por la manera de recoger el producto y llamarle con algún nombre. Esa conmoción me conduce, a veces, a la negación más absoluta de mí mismo”.

La “Noche de encantamiento” que culmina la obra, aparece abigarrada de elementos antillanos, caribeños. Aquí el sonido de la raza negra resulta fundamental. La “Noche de encantamiento” se nutre del África esclavizada, que cruzó el Atlántico en naves españolas y portuguesas; de los ritmos sagrados que sortearon el mar entre escorbuto, cadenas, látigos y palabras mágicas. Igualmente, “encantamiento” aquí es un vocablo lunar, sombrío, el arcano uno del Tarot, “embrujo”, “sacrificio divino”, “hongo sagrado”, todo rociado con algo de vudú tal vez. La base de esa música es la repetición mántrica, incesante, de patrones rítmicos regulares o inexactamente constantes, procedimiento que es también el sustento de la hipnosis, las ragas hindúes, el cante jondo y el rezo de los rosarios cristianos.

En “Noche de encantamiento” Revueltas crea algo sumamente novedoso, dando forma, como él dijo, a sus “… ritmos pujantes, dinámicos, táctiles, visuales” mediante la técnica compositiva occidental de las variaciones; esta combinación de instinto creador con las formas clásicas, raras en Revueltas, recuerda, por cuanto implica una mezcla de estéticas y metafísicas divergentes, a la inexplicable capilla lateral de la iglesia de Tlacolula, en Oaxaca, con aquellos apóstoles decapitados que sostienen sus cabezas en la mano, con sus hachas incrustadas en los cráneos, y su Cristo negro puesto al revés. Por su sincretismo maravilloso, por esta utilización magistral de la forma variación, a partir de un material o “tema” esencialmente rítmico, esta música funciona al modo del mejor barroco mexicano: es un “conjuro musical afromayamexica, neobarroco expresionista”, que surge de la hiperacumulación pausada, pujante, terca, incontenible, progresiva y erótica de varios elementos dispares, excluyentes, puestos juntos de manera inaudita, hiperbólica y loca, descontrolada, exponencial si se requiere.

Primero hay una secuencia de enlace entre “Noche de Yucatán” y “Noche reencantamiento”. Luego, las percusiones solas exponen un patrón rítmico de enorme sexualidad, a modo de bella mujer cadenciosa que apareciera en la cima de una pirámide danzando lentamente, iluminada apenas por el reflejo de la Luna; al llamado femenino responde el cantar del caracol, antiquísimo instrumento del mar que no conoce talleres ni fábricas. Esto es el tema, reafirmado por elefantiásicas exhortaciones de los cornos.

Después viene un pasaje aleatorio, una candenza libre. En la interpretación de este disco, para “realizar” dicha cadenza el maestro Diemecke incorpora citas de varios patrones rítmicos que aparecen en otras músicas de Revueltas: la propia “Noche de jaranas” (güiro y sonajas); el “Baile” del Homenaje a García Lorca (tambor), y Sensemayá (xilófono).

Entonces empiezan las variaciones, terribles, de una expresividad punzante. Vale la pena mencionar la entrada de las violas en su registro más agudo, en trémolo, y el uso de los cornos franceses tratando de emular el caracol marino indígena. En las variaciones, que se suceden mediante diminuendi, continúa asombrándonos el canto implacable de las trompetas y los violines, pero en especial de los alientos, llenos de glissandi y ocasionales frullati, que no son sino gritos, auténticos alaridos. A modo de cimiento de todo esto, los instrumentos de percusión sostienen el edificio de una orquesta, que se desintegra como Europa la conocía. La velocidad, falsa como es, se acelera a cada variación, y se reduce el tiempo de vida de las notas mientras crece el número de ellas, cada una más sudorosa, más energizada que la anterior, hasta llegar a un punto tensísimo, insostenible, de ansiedad y excitación. Hay estrellas. Hay oro y piedras preciosas cerca. Hay barro y chalchíhuit. Hay un Chac Mool, plumas de quetzal, y Venus asoma en el horizonte, Huele a oscura sima insondable, a caliza yucateca, a agua de cenote.

Es imposible resistirse a las fuerzas telúricas desencadenadas por esta danza progresivamente enloquecida, que culmina gracias a Revueltas y, un poco, a Limantour, con la reaparición cíclica, inevitable, fatal, del portentoso tema que inicia La noche de los mayas. Pues en México los símbolos no son sólo ilusión: son realidad mágica, certidumbre entendida mejor en Oriente que en Occidente. Quetzalcóatl-Kukulkán, la serpiente emplumada cuya sombría silueta desciende las escalereas del Castillo de Chichén-Itzá, sigue reapareciendo en cada equinoccio del planeta Tierra. Inevitablemente. Como antes. El fin es el principio y los viejos dioses siguen en su sitio Rito, juego, vida y muerte son lo mismo, aunque distinto. La cosmogonía maya hija de Kukulkán es como todo México: una serpiente que se muerde el cascabel. “Y (Revueltas) era también como el silencio del cielo, que calla ante nuestras preguntas y nos vela su destino” (Paz). Pues el sabio Revueltas, como él mismo lo dijo, se niega a sí mismo cuando pare su música; es idéntico al cenote sacrificial y al águila sobre el nopal que devora a la serpiente: el símbolo se ha de comer a sí mismo para perpetuarse, y el ser humano ha de fenecer para nutrir a los dioses, a sí mismo, a la Naturaleza, a la Tierra que somos. Sólo así ha de sobrevivir: parte y todo del orden cósmico, de la Totalidad.

Por eso leyó en alta voz el grande poeta Pablo Neruda, cuando un féretro bajaba a una fosa lo poco que hubo de mortal en Silvestre Revueltas

“Ahora son las estrellas de América tu patria
y desde hoy tu casa sin puertas es la Tierra”

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