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Domingo 11
SEÑOR COCONUT & HIS ORQUESTRA FEAT. Argenis Brito
YELLOW FEVER Tour 2008

Lugar: Guadalajara- Plaza de la Liberación
Hora: 21:00 Hrs

Señor Coconut y su Orquesta (Presentando a Argenis Brito)
Yellow Fever!

Grabaciones Essay se enorgullece de presentar la última entrega del muy digno legado de Señor Coconut, el único intérprete germano-chileno de los estandartes del pop electrolatino. Por esta vez, Coconut, famoso por sus cubiertas de laptop-salsa y merengue ácido de Kraftwerk, Sade y Michael Jackson, regresa ahora con una buena banda latina, encabezada por el inimitable cantante venezolano Argenis Brito rindiendo así homenaje a las contrapartes
de Kraftwerk´s Eastern en los anales de los pioneros del tecno-pop, la Orquesta Yellow Magic. Logra que la orquesta sea aún más mágica cuando los tres miembros del YMO –Harumi Ozono, Yukiro Takahashi y Oscar, junto con Ryuichi Sakamoto, ganador de un Grammy—aparezcan como invitados en el álbum. Para redondear este mezclado y excéntrico club social, el álbum presenta un conjunto de colaboradores distinguidos de todos los rincones del mundo de la música electrónica, incluyendo a Towa Tei, Burnt Friedman, Mouse on Mars, Atufen, Schneider TM y Marina de la Nouvelle Vague en una serie de juguetones y crípticos interludios que revelan, de una vez por todas, el misterio de Señor Coconut.

Todos han oído hablar de “discos para una isla desierta” – esas colecciones de queridos álbumes que uno absolutamente debería tener consigo si quedara abandonado en una isla desierta en el lejano Pacífico del Sur. Imagine, por un instante, que este álbum es una variación sobre ese tema: el misterioso Señor Coconut (en un momento le diremos más acerca de él), es un náufrago en medio del gran océano azul; saca su iPod, lleno hasta el último gigabyte con grabaciones de la Orquesta Yellow Magic de Japón (detengan sus caballos, ya les llegaremos). El problema con el escenario de la isla desierta es, por supuesto, logístico: ¿qué se puede hacer cuando se acaben las baterías? Afortunadamente, Coconut tiene un plan “B”: sucede que sus compañeros de vuelo son miembros de una banda latina sumamente talentosa y rápidamente los hace aprender diez de sus canciones favoritas de YMO y, voilà, la buena onda de magia amarilla les durará hasta que lleguen los barcos de rescate. El único pero, por supuesto es que esta vez los pop-synth clásicos parecen más mambo, merengue, bolero y cha-cha-cha.

Por supuesto, nada de esto es verdad, aunque por el sonido del disco se le puede perdonar que haya creído lo contrario. La historia real es un poco más prosaica (sólo un poquito, si lo piensa bien). Señor Coconut es, probablemente, el proyecto más conocido del hombre que nació como Uwe Schmidt, participante medular en la escena de la música electrónica en Frankfurt a principios de los años 90 y dueño de la etiqueta Rather Interesting, largo tiempo reverenciado por un, admitámoslo, reducido grupo de tecno-fans, cabezas industriales o gente obsesionada por la música experimental a través de cientos de discos dados a conocer con un confuso conjunto de seudónimos y participaciones: Atom Heart, AtomTM, Lisa Carbon Trio, Dots, Flextone, Midisport, Lassigue Bendthaus, DOS Tracks, Flanger, Datacide, Ongaku, Geeez 'N' Gosh, Masters of Psychedelic Ambiance... y la lista sigue, y sigue, y sigue.

En 1997—casualmente casi al mismo tiempo en que se cambiaba de Frankfurt a Santiago de Chile—Schmidt debutaba en el proyecto Señor Coconut con El Gran Baile, colección hiperquinética de pistas tomadas de la colección de discos clásicos latinos de Schmidt, con cortes y arreglos que la convirtieron en canciones dentro de los géneros Nova Raro, Jive Ecléctico, Samba Virtual, que sólo existían en la imaginación expansiva de Schmidt. Los resultados sonaban como una fusión de Pérez Prado y Raymond Scott, con cortes en compás ternario y verdaderamente hilarantes. Para el año 2000 ya había adoptado el nombre de “Señor Coconut y su Conjunto” y con El Baile Alemán, su banda de acompañamiento (conjunto) integrada sólo por sus muestrarios—el vehículo de la creatividad de Coconut se desplegaba por los caminos laterales de los discos novedosos y volaba por las autopistas de la imaginación popular. En The German Dance (El Baile Alemán), Schmidt hizo la única cosa lógica para un músico alemán fascinado por los ritmos latinos y su instrumentación revistió los grandes hits del grupo alemán Kraftwerk, como ‘Showroom Dummies’, ‘Trans Europe Express’, ‘Autobahn’ y otros, con estilos tropicales de cumbia a merengue, con Mambotour de Argenis Brito y los roqueros políticos chilenos, ‘Los Prisioneros’, con Jorge González como cantante solista.

Esto no fue ningún artilugio: El Baile Alemán era una disertación sobre las contradicciones universales de la música pop que simultáneamente daba un giro efectivo y sutil a la sabiduría convencional sobre autenticidad, identidad y tradición a la vez que –difícilmente el menor de sus éxitos— demostraba que Kraftwerk no estaba integrado únicamente por magos de la tecnología y maestros de la iconografía, sino también por formidables afinadores. El álbum también desafiaba la definición misma de “música electrónica”, recordando a los oyentes que, como el Tecno teutónico, la salsa y el merengue contemporáneos son con frecuencia una programación intencionadamente imperfecta.

Los propios antecedentes de Schmidt complicaban el proyecto más de lo que pudiera parecer a simple vista. Por un lado, era un alemán viviendo en Chile, re-elaborando a los mejores artistas pop de su propio país en un lenguaje musical característicamente “regional”. Algunos críticos lo llamaron explotación, y los comentaristas perezosos atribuían todo al esencialismo, viendo la nueva dirección musical de Schmidt (planeada ya desde mucho antes de viajar a Chile) como una “consecuencia natural” de haber emigrado. Lo que los primeros no veían era el perceptivo sentido del humor que recalcaba la distancia reconocida entre ambas tradiciones; los segundos se dormían en el hecho de que Chile, a pesar de sus extrañas palmeras, es una bestia bastante diferente de las culturas Caribeñas que vieron nacer música tropical como la cumbia y el merengue. Señor Coconut, lejos de alguna inevitabilidad biográfica, era más como una meditación en exilio, un fuerismo, y la fascinante coincidencia del intercambio cultural. (Por supuesto, en nada perjudicaba el que fuera bailable).

Se podría pensar que los proyectos subsecuentes de Schmidt bajo el apelativo de Coconut fueran una especie de desviaciones. Tras un exitoso viaje, transcribió el material pesado de Kraftwerk a frenéticos arreglos para banda completa y Schmidt lanzó a Señor Coconut y Su Orquesta con grabaciones estándar del pop nórdico– “Smooth Operator" de Sade, "Riders on the Storm" de los Doors— llevándolos a su ahora bien conocido estilo “electrolatino” para sus Fiesta Songs de 2003. Para 2005, Señor Coconut presenta Coconut FM: ‘Legendry Latin Club Tunes’, primer disco de Coconut para el sello Esssay Recordings de Frankfurt; Schmidt se pone su gorro de curador, presenta una selección de reggaeton, funk carioca y cumbia que borra completamente la separación entre “underground” y “mainstream” con la misma certeza que desapareció el concepto mismo de música “electrónica”. Una vez más, hay que bailar, especialmente cuando Schmidt adopta su personalidad escénica de Don Atom para llevarle al mundo el primer ejemplo de reggaeton ácido o “Aciton”.

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