Festival Cultural de Mayo en Jalisco
Sábado 7

 

Inauguración de la exposición
El Tallador de Sueños

Manuel Jiménez , talla de madera (México)
Pionero de la talla de madera en Oaxaca. Por primera vez fuera de Oaxaca. 

Del 7 de mayo al 10 de julio

Museo de las Artes Populares
Entrada libre
De 10:00 a 17:00 hrs.

MANUEL JIMÉNEZ RAMÍREZ, talla de madera

 

9 de diciembre de 1919 – 4 de marzo de 2005. Escultor y pintor mexicano, famoso por ser el iniciador de las tallas de madera conocidas como alebrijes. Desde temprana edad comenzó modelar figuras de animales en arcilla, y después se interesó por el tallado de madera, creando figuras humanas, escenas del nacimiento de Jesús, máscaras y sus primeros alebrijes. Su trabajo se encuentra en diferentes partes del mundo, principalmente en Estados Unidos, en colecciones públicas y privadas.

Don Manuel Jiménez llegó recién nacido a San Antonio Arrazola, en compañía de sus padres Jesús Jiménez, de origen mixteco, e Isabel Ramírez Láscaris, zapoteca. Era una pareja de avanzada edad, que se enfermaba con frecuencia. El padre era sordo y la familia muy pobre, de tal suerte que Manuel se crió en condiciones de extrema pobreza, pero al estar el pueblo de San Antonio Arrazola tan cerca de la Zona Arqueológica de Monte Albán, el niño creció rodeado de los monumentos prehispánicos que serían su fuente de inspiración.

Ambos progenitores trabajaban en el trapiche del lugar, donde otros hombres, mujeres y niños también llegaban de distintos poblados, para desarrollar arduas faenas como peones, desde el amanecer hasta el anochecer. A los ocho años de edad, Manuel comenzó a trabajar para ayudar con el sustento de la casa. Primero cuidó ganado en el campo, como hacían muchos niños campesinos, con un sueldo de doce centavos al día.

Aprendió a leer y escribir en forma autodidacta; nunca tuvo oportunidad de asistir a la escuela. En el transcurso de los años desarrolló diversos oficios, como cortador de caña, albañil, director de banda de música, peluquero y sacristán de la iglesia del pueblo, donde el sacerdote encargado del templo le proporcionaba comida, abrigo y una sólida formación espiritual. Más tarde, incursionó en el comercio y abrió una tienda de abarrotes.

Por tres años fue vigilante en la Zona Arqueológica de Monte Albán, en la época de las exploraciones dirigidas por el doctor Alfonso Caso. En este tiempo, le gustaba tallar máscaras que vendía en el mismo sitio. No obstante, don Manuel Jiménez abandonó esta actividad después de un año, al sentir que esa era la clase de trabajo que quería realizar.

 


 

 

LOS SUEÑOS DE DON MANUEL

Antes de empezar a tallar sus primeras esculturas, tuvo un sueño profético:

Soñé con un gran árbol, cuyas

ramas tocaban el cielo,

yo esta recargado

en aquel árbol y una voz me decía

Maestro ¿qué hacemos?

A trabajar y vuelta por que nos vamos

a ocupar más, respondí…

Fue un ángel de Dios que se me presentó,

como el sueño me inquietó, ya no pude

dormir, y fui a buscar a los pajaritos

que leen la suerte.

El pajarero le dijo a los pajaritos que

me buscaran mi suerte, dos pajaritos

escogieron entre hartos papelitos

a la entrada de la puerta de la jaula,

uno decía: “Tus manos y tu frente harán

la labor de tu patria”, el otro decía:

“Tendrás grande honra con los grandes

y saldrás de nación a nación”.

Yo pensé que eso era imposible,

pues pobre como era, qué iba ser cierto.

 

Manuel Jiménez

Pionero de la talla en madera (alebrijes) en Oaxaca

 

TRAYECTORIA

 En los años cuarenta, siendo un anónimo tallador de esculturas, Manuel Jiménez empezó a vender sus piezas en hogares oaxaqueños, a diez centavos cada una.

 

Para tener un mercado más amplio, con el apoyo del doctor Daniel Rubín de la Borbolla, con quien había entablado amistad cuando era vigilante en la Zona Arqueológica de Monte Albán, empezó a distribuir sus piezas en la Ciudad de México, a través de museos de arte popular. Fue hasta 1957 cuando un norteamericano que residía en Oaxaca, el señor Arthur Train (ya fallecido), descubrió a Manuel Jiménez en San Antonio Arrazola, valoró las piezas del oaxaqueño y por varios años dirigió su carrera cada vez con más éxito. Arthur decía que la individualidad de Jiménez era enorme; y que en los años que tenía de estar involucrado en el negocio de las artesanías había encontrado a muy pocas personas como él, capaces de expresar realmente algo de ellos mismos como individuos por medio de su trabajo.

En 1978, Manuel se vio en la necesidad de emigrar para dar a conocer sus piezas en otras latitudes. Decidió ir a estudiar por un año a la ciudad de los Ángeles, California, con el objetivo de prepararse para concursar con artistas de otros países en la Fiesta de la Raza, que se llevaría a cabo en esa ciudad. En el concurso obtuvo el primer lugar y el reconocimiento como Gran Maestro Internacional, testimonio que conserva con especial cariño, al haber sido el parteaguas en su trayectoria artística.

En 1979 volvió a Oaxaca para radicar definitivamente en Arrazola, el pueblo que había sido el centro de su vida. En ese entonces ya tenía infinidad de pedidos para exportar sus esculturas a Estados Unidos. Al ser el pionero desde 1945 de la tradición y el estilo que predomina en la fabricación de esculturas de madera, abrió caminos insospechados para los habitantes de San Antonio Arrazola. Durante muchos años, Jiménez fue el único que hacía estas figuras. Más tarde, gracias al éxito artístico y comercial de sus piezas, estableció el mercado nacional e internacional para una serie de talladores del lugar, quienes siguieron su iniciativa, y aún sin alcanzar el grado de perfección del maestro, tuvieron la oportunidad de estimular su habilidad manual y su creatividad, mejorando la economía familiar.

A pesar de que los escultores de madera oaxaqueños han tallado juguetes y máscaras para fiestas religiosas durante siglos, fue Manuel Jiménez quien llevó más lejos esta tradición popular, le dio a sus esculturas un mayor tamaño, con una extraordinaria calidad en su ejecución, elaborando ambiciosos y múltiples modelos, que le otorgaron posicionar en un lugar sobresaliente a esta artesanía.

La totalidad de la producción de Manuel Jiménez fue tallada a mano y está destinada a usos decorativos.

 


 

EL PROCESO DE ELABORACIÓN DE LAS FIGURAS EN MADERA

En este arte popular la materia prima es la madera de copalillo, descubierta por don Manuel Jiménez, después de haber experimentado con otras muchas. Para trabajos sencillos usaba el copalillo y el tzompantle, por ser ambas maderas suaves y blancas; y para trabajos especiales utilizaba el cedro blanco o el palo de águila.

 

El primer paso era encontrar un buen árbol en los alrededores de Monte Albán y San Pablo Cuatro Venados, cortar un trozo y llevarlo a casa. En un principio Manuel Jiménez y sus hijos Angélico e Isaías, recolectaban la madera. Hoy en día esto ya no es posible, debido a la escasez de madera y al cuidado de la reserva ecológica del polígono de Monte Albán. Por este motivo, se compra la madera a los comerciantes que entran al pueblo y la entregan a domicilio, proveniente de San Pablo Cuatro Venados o del distrito de Etla y de otras regiones de Oaxaca, lo cual genera el sustento de sus familias.

La madera se pela y se trabaja cuando está verde y húmeda para que no se raje o astille al tallarla.

La herramienta es un filoso machete para el corte de la madera, el trazo y la horma de la figura; un juego de cuchillos bien afilados, gurbia, escoplos o formones y berbiquí, para el tallado, y lijas para el terminado fino; así como clavos y martillo para la unión de algunas partes.

Una vez construidas las figuras, se dejan secar durante varios días, para evitar que se partan o se rajen, y se curan para que no se piquen. Las piezas realizadas en maderas sencillas, como el copalillo o el tzompantle, que podría partirse si se quedaran al natural, son pintadas actualmente con pin- tura acrílica y pincel. Años atrás, don Manuel utilizaba colorantes naturales que obtenía de las cortezas de los árboles y de la tierra, o anilinas en polvo. Le gustaba además confeccionar sus propios pinceles con ixtle y bambú.

La elaboración y terminado de cada pieza puede tomar desde unos días hasta una semana, dependiendo de la complejidad de la figura y la laboriosidad que requiere su tallado, terminado fino, curado y decorado con pintura. Al iniciar el coloreado de figuras de animales que tanto llama la atención, el diseño del decorado no está previamente trazado, sino que hasta el momento de realizarlo el artista deja volar su imaginación, logrando el necesario dominio de la proporción para ajustar los dibujos al espacio que debe cubrir. En las figuras humanas se respeta el color carne para todo el cuerpo, así como los tonos tradicionales correspondientes a cada prenda de vestir. Las piezas son muy variadas en formas, originalidad y tamaños, por lo que han sido dignas de ser expuestas y admiradas por su impecable presentación en museos de los Estados Unidos, Japón, Australia e Israel, dando fama a la vez al pequeño poblado de San Antonio Arrazola, Xoxocotlan, Oaxaca.

 


 

EL LEGADO

La escuela de Manuel Jiménez ha dejado huella en varios rincones del estado de Oaxaca, como en San Martin Tilcajete, Ocotlán, donde hace muchos años presentó diversas exposiciones, con el apoyo y entusiasmo de Tonatiuh Gutiérrez, entonces director nacional de FONATUR, y la señora Teresa Pomar, considerados ambos entre los principales conoce- dores del arte popular en el país.

 

Estas exposiciones motivaron la iniciación de otros talladores de madera en San Antonio Arrazola, así como la reproducción de algunos de sus trabajos. Además, ha surgido una nueva variedad de diseños propios de San Martín Tilcajete, que ha permitido conocer a nuevos artesanos, quienes ocupan actualmente un sitio destacado por la calidad de sus piezas. El trabajo de Manuel Jiménez lo señala como el más valioso exponente de este tipo de artesanía, elemento inconfundible de la cultura oaxaqueña. Tiene sus raíces más profundas en el pasado y sobrevive por el espíritu conservador del artesano que, al desarrollar su sentido artístico, hace sus propias aportaciones en forma natural y espontánea, trasmitiendo el conocimiento y el oficio a otras generaciones.

De esta manera, se crean las expresiones materia- les y tradicionales de la cultura de nuestro pueblo, que además de conformar un patrimonio artístico, son consideradas como fuente de ingresos para las personas vinculadas a la actividad artesanal.

 


 

EL REFLEJO DE LA CULTURA EN LAS ARTESANÍAS

El árbol de donde se obtiene la materia prima para hacer las tallas en madera se llama copal, y es el mismo del que se extraía el incienso prehispánico que es utilizado hasta nuestros días.

 

Manuel Jiménez dice que las piezas tratan de rescatar la cultura de su gente: cada figura tiene un significado ligado a sus antepasados.

Por ejemplo, la elaboración de un jaguar se inspira en Monte Albán (conocido como Cerro de Jaguares), esta figura significa la valentía e historia prehispánica, rescatando la simbología de una grandiosa cultura.

Asimismo, representa la imagen del nahual (brujo, curandero o chamán de la época prehispánica), es decir la persona que se transforma en un animal. De acuerdo a las culturas mesoamericanas, cada ser humano nace con el espíritu o el alma de un animal, y conforme a la fecha de nacimiento y características fisonómicas semejantes, se determina el animal que le corresponde a cada individuo, formando así una dualidad.

 


 

REFERENCIAS:

J. Velasco, H. Aguilar (1999) Monografía del municipio de Santa Cruz Xoxocotlán centro Oaxaca, Instituto Politécnico Nacional.

 

Eleazar Morales Ramírez, talla de madera

 

La tradición del tallado de madera comenzó a inicios de los años 50´s en nuestra comunidad deSan Antonio Arrazola, Oaxaca (más conocido como la cuna de los alebrijes), ubicada a las faldas de la zona arqueológica de Monte Albán.

Soy Eleazar Morales Ramírez, vengo de una familia de 12 personas, papá, mamá y 10 hermanos, de las cuales solo 4 nos dedicamos al arte.

El oficio de mi padre fue la albañilería y recuerdo que cuando era niño le acompañaba y ayudaba, pasando el tiempo me interesé en el arte de los alebrijes, pues ya en ese tiempo habían artesanos con demasiada experiencia.

Primero comencé vendiendo figuras de barro, las llevaba a Monte Albán ya que era donde se concentraba más la gente en esa época (turistas), ellos de verdad estaban muy interesados en conocer más sobre nuestra cultura, nuestras artesanías y nuestro trabajo, entonces se me ocurrió llevarlos a casa de los artesanos. Los artesanos hacían las demostraciones de su trabajo para los turistas, pero también yo prestaba demasiada atención. Tiempo después con los ahorros pude comprarme mis herramientas básicas y llegando a casa después de los recorridos practicaba todo lo visto.

Poco a poco mis piezas creadas iban mejorando, mi pintura, mi técnica, incluso había ahorrado suficiente para comprarme todas las herramientas necesarias. Me llamaba mucho la atención plasmar lo real, lo que la naturaleza nos mostraba, a tal grado de empezar con un nuevo estilo, el realista. La gente me decía que este tipo de pintura no era atractivo, pero no me rendí, seguí con mi estilo. Gracias a mi fe en la pintura tiempo después se volvió popular, extranjeros, coleccionistas, turistas comenzaron a buscarme, pues les había agradado mi estilo y yo estaba muy feliz. Actualmente tengo dos diferentes estilos nuevos; el punteado con textura y la dualidad, pero puedes saber más sobre estos en nuestro blog, donde encontrarás información variada.

Actualmente vivo con mi mujer llamada Dora, con la cual tengo una hermosa familia, dos hijos y una hija, de los cuales estoy muy orgulloso por quienes son y llegarán a ser.

Siempre supe que la innovación es importante, por eso ahora quiero formar parte de algo más grande.

Taller Eleazar cree en el arte, busca ser innovador, divertido, atrevido, flexible, complejo, fiel, introvertido y espontáneo. No le tiene miedo a los retos y a los cambios. Es comprometido con los proyectos ambientales que aporten a la comunidad.


 

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