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Programa con música de Federico Chopin
Domingo 16 de Mayo, Teatro Degollado
Programa
Nocturno Op.9 No. 1
Nocturno Op.55 No. 2
3 Mazurcas Op. 56
Tarantella |
F. Chopin |
| Intermedio |
24 Preludios Op. 28
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F. Chopin |
Gergely Bogányi, piano
Gergely Bogányi
Piano
Nacido en 1974 en Vác, Hungría, Gergely Bogányi comenzó a estudiar piano a los cuatro años de edad; dos años más tarde ganó un premsio especial en la Competencia Nacional de Piano en Nyiregyháza, y a nadie sorprendió que tres años después conquistara el primer premio en este mismo concurso.
Bogányi ha estudiado en la Academia Liszt en Hungría, con Zsuzsa Esztó y Laszlo Barányi; en la Academia Sibelius, con el profesor Matti Raekallio, y en la norteamericana Universidad de Indiana, con el profesor Gyorgy Sebök. También ha participado en varias clases para maestros, con Annie Fischer y Ferenc Rados.
Gergely Bogányi se ha hecho acreedor a varios premios nacionales e internacionales: el tercer lugar en Ettlingen, Alemania, en 1990; el segundo premio en Epinal, Francia, en 1991 -donde fue el competidor más joven-; el primer premio en la Competencia Chopin en Budapest, en 1993, y en el mismo año ganó el primer lugar en la Competencia Mozart, en Budapest. Tres veces conquistó el primer lugar en las competencias de Helmi Vesa en 1989, 1900 y 1991, e hilvanó el premio principal en la Franz Liszt en Budapest, en el otoño de 1996.
También toca música de cámara en el trío Bogányi-Kelemen (Barnabas Kelemen, violín; Yibor Boganyi, cello, y Gergely Bogányi, piano), que conquistó el primer premio de la Competencia Internacional de Música de Cámara en Kuhmo, Finlandia, en julio de 1999.
Bogányi recibió el premio más importante de su tierra natal, el Ciudadano Honorario de Vác, a la excepcionalmente temprana edad de 22 años. En la primavera de 2000 le fue otorgado el premio Gramofon por “El Mejor Evento Musical y el Mejor Músico de Hungría”, por una serie de recitales que incluyeron los trabajos completos de Chopin.
Gergely ha sido invitado a tocar como solista con numerosas orquestas de Europa, así como a ofrecer recitales en festivales y famosos salones de concierto alrededor del mundo. En marzo de este año fue solista con la Filarmónica de Viena y en abril debutó junto con el violinista húngaro Barnabas Kelemen en Carnegie Hall de Nueva York.
Su discografía incluye conciertos de Mozart, Chopin y Liszt para piano, sonatas de Chopin y Rachmaninov para cello y piano, y la obra completa de Liszt para violín y piano.
Críticas:
“Ojalá pronto volvamos a escuchar a Bogányi. Más que un “buen pianista”, es uno de los más grandes artistas que hemos tenido la oportunidad de aquilatar en años recientes”.
Lázaro Anzar, periódico Reforma, México, D.F., 9 de junio del 2003.
“Gergely Bogányi, pianista de virtudes en la cúspide”.
Francisco Arvizu Hungues, periódico El Informador, Guadalajara, Jal., 8 de junio del 2003.
“Una vez más, volví a escuchar comentarios de que Bogányi era “la reencarnación del mismísimo Liszt”, y cosas por el estilo. No soy de quienes creen en esas cosas, pero sí puedo afirmarles que al igual que aquél, Bogányi posee una técnica ilimitada, una musicalidad fuera de discusión y una personalidad arrolladora que propició que al dar la última nota del Rachmaninoff, todo el público se parara como electrificado de sus asientos a ovacionarlo”.
Lázaro Anzar, periódico Reforma, México, D.F., 11 de junio del 2003.
Notas al Programa
Nocturnos, de Chopin
Creador de este género fue el escocés John Field (1782-1837), contemporáneo de Chopin; con su exterior parecido a Falstaff, y del cual podría decirse lo mismo que dijo Rossini una vez de una cantante gruesa: “Un elefante que se ha tragado un ruiseñor”. Si Field cantó a la noche de luna de los enamorados, la noche de Chopin fue la del Zaratustra de Nietzsche, “Canción de la Medianoche”.
Sin embargo, no todos los nocturnos tienen el mismo estado de ánimo; se pueden distinguir cuatro tipos. En algunos (Op.9, No1 y Op.72, No.1, por ejemplo) domina tan sólo la melancolía del día que muere; la noche no es aquí en modo alguno símbolo de la muerte. Ya el segundo Nocturno de Chopin introduce en esta forma un elemento nuevo; Field protestó y lo censuró como enfermizo. Sin embargo, lo demoníaco que caracteriza el segundo grupo de los Nocturnos y que reina sobre todo en las partes centrales se desarrolla en la Op.9, No.2, muy poco todavía en comparación con la Op.15, No.1 y la Op.62, No.2, las cuales están en la misma línea que el Estudio Op.10, No.3. Con la Op.15, No.3 creó Chopin un tercer tipo, incluyendo lo religioso. Continuó esta línea en la Op.37, No.1, que ofrece como parte central un coral, y en la Op.55, No.1, donde una piedad realmente cósmica disipa la atmósfera de tristeza mortal. La Stretta del nocturno recién nombrado es por eso interesante, ya que, aquí, en pocos compases, se anticipa a todo César Fanck. Un tercer grupo de nocturnos canta la noche de amor; a él pertenecen las Op.27, No.2; Op.32, No.1, y Op.62, No.1. Forma por sí misma una parte la Op. 48, No.2, en la cual resuena un eco de las “Polonesas”.
Mazurcas, de Chopin
Chopin dio este nombre a unas estilizaciones de tres danzas populares polacas que parecen estar sujetas a un compás de tres partes. Son estilizaciones de la fogosa guerrera y caballeresca masurek (que marca el acento en la 3.a ó 2ª partes del compás), del melancólico y sentimental kujawiak y del alegre y casi frívolo oberek. Auténticas mazurcas se encuentran en la Op.33, No. 2; Op.50, No.1; Op.56, No.2; Op.68, No.1.
El oberek se reconoce en la Op.24, No.2; el kujawiak se encuentra en las Op.17, No. 2; y No. 4; en la Op.24, No.1; Op.41, No.2, y en la Op.63, No.2. En algunas ocasiones mezcla Chopin estas formas de danza: La Op.69, No.3, en su trío en un oberek, pero comienza y termina como masurek; la Op.33, No.2, junta un kujawiak con un masurek.
En las mazurcas vive todo el folklore polaco. Un pastorcillo toca la gaita (Op. 68, No.3), un mendigo interpreta en su organillo viejas canciones populares, en una aldea suena el baile de una boda. Y como fondo, el paisaje polaco y sus cantores; el cucú y el ruiseñor. (Op.68, No. 2). Aquí la alegría de la primavera (Op.33, No.3) o el fulgor del día, allí el invierno desolador (Op.41, No.1) o la noche angustiosa que recuerda la muerte (Op.56, No.3). El desterrado vio todo esto a través de un recuerdo melancólico.
Polonesas, de Chopin
Ya Weber ennobleció la antigua música polaca de parada militar, con la que entonces la nobleza del país festejó la subida al trono de sus príncipes; pero comparada con las piezas guerreras de Chopin, palidecieron las de Weber. Schumann descubrió en cierta ocasión las mazurcas como “cañones escondidos bajo las flores”, lo que permanecía encubierto en las “mazurcas” estalló en las “polonesas” con fuerza elemental: ellas cantan la gloria del pasado de Polonia, cuando ésta era todavía el espanto de los tártaros y turcos. Oyendo las “Polonesas” de Chopin se alcanza a ver que éste, en ellas, es casi tan heroico como Beethoven en su “Heroica”. La más guerrera es ciertamente la “Polonesa en la bemol mayor, Op. 53”. El principio de esta obra sugiere la tensión de una psicosis de guerra: los sones marciales llaman a la lucha; en la parte central (las octavas del bajo exigen un movimiento giratorio de la muñeca, por eso esta obra recibió de los pianistas el sobrenombre de “Polonesa de molinillo de café”) se oyen las piezas de los cascos y angustiosos toques de trompeta; el final está compuesto por un himno triunfal, que no tiene comparación en toda la literatura de la música.
Preludios Opus 28, de Chopin
Este “albúm de bocetos”, que data de su estancia en Mallorca, continúa la música más íntima de Chopin. Ha mostrado aquí en pequeño toda su grandeza. La ordenación de las 24 piezas, que pesan por todas las tonalidades mayores y menores, fue fijada más tarde de forma que los números impares corresponden a la serie de quintas, y los números pares a los tonos paralelos.
- A pesar de la arriesgada modulación, se puede reconocer el parentesco de este preludio con el primero del “Clavecín bien temperado”.
- Como clave para la comprensión de esta lóbrega pieza, menciona Scharlitt un fragmento del Diario de Chopin que éste escribió en Stuttgart: “Los relojes de Stuttgart acaban de dar las doce de la noche, ¿cuántos cadáveres ha dado este instante a la tierra? ¿Cuántos niños ha arrancado a sus madres y cuántas madres a sus hijos? ¡Cuánto duelo! Pero, también…, ¡cuántas alegrías producen los muertos! Cadáveres de hombres buenos y malos, virtud y vicio, todos son hermanos cuando son cadáveres… De ello se deduce que la muerte es el hecho supremo del hombre… ¿qué es, pues, lo peor? El nacer, ya que es lo opuesto a lo mejor. Así, tengo razón para exagerarme, puesto que vine al mundo”. El fragmento concluye: “¡Solo y abandonado…! ¡Mi desolación es indescriptible!”
- Náyades danzantes, sirenas que cantan.
- Una canción nocturna, semejante a las de Novalis.
- Frente a los demás preludios, en su mayor parte “triste hasta la muerte”, éste, es en re mayor, respira una atmósfera que por comparación es de una exuberante alegría.
- La que jumbrosa melodía de la mano izquierda intenta ascender varias veces, pero va cayendo, como desfallecida por las campanas opresivas de la muerte.
- El juego de emoción y alivio, que como método ofrecen los preludios, nos lleva en éste a un oasis encantador: una sencilla mazurca.
- La historia febril de Tristán en su anterior encarnación.
- Chopin tiende en esta pieza el puente entre Bach y César Franck.
- Una caprichosa pieza de baile.
- La “Primavera”, de Botticelli, puesta en música.
- Un vals rápido: la danza de un poseso.
- Un nocturno con el lema Per aspera ad astra.
- Una especie de Course á l´abîme (“Un viaje infernal”).
- Chopin escribió este preludio de la gota de agua, cuando en el lóbrego monasterio de Valldemosa esperaba el regreso de “George Sand”, la cual, en una excursión, había sido sorprendida por un temporal.
- Fuegos artificiales.
- “Érase una vez”: fábula secular del amor primero.
- Balada interrumpida brevemente.
- “Aquí está el horizonte abierto, el espíritu elevado”.
- “Muerte, ¿dónde está tu aguijón? Infierno, ¿dónde está tu victoria?”.
- Esta pieza entremezcla la melancolía del Nocturno con lo heroico de la Polonesa y lo épico de la Balada.
- Tempestad.
- “Borrascas de invierno ceden ante el mes de mayo”, tal como no lo pudo soñar Wagner.
- “Prometeo desencadenado”.
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